Perdonadme que aún me esté limpiando las risas de los lacrimales pero no es para menos. Me explico: hallábame yo buscando en Internet una foto para ilustrar uno de mis artículos para la web cuando decidí dejarme llevar por mi yo más larpeiro o, lo que es lo mismo, por la parte más dulce de mí y de mi subconsciente. Y como lo que más me cuesta de tomar una decisión es precisamente el proceso de maduración, tras unos instantes de sesuda meditación me dije que una tableta de chocolate sería lo más aproximado a mi estado de ánimo creativo. Quería plasmar con una imagen qué es escribir es para mí y sentencié (a golpe de impulso) que teclear es un achocolatado placer. Un achocolatado placer pero con la ventaja de que no engorda, no da caries, no duele es estómago si te empachas de letras, letras y más letras… y no ves doble a causa del subidón de grasallada y azúcar. Así pues, el teclado es mi Cruch, mi Magnum Double Choc, mi Nutella, mi Ferrero Rocher, mi Nestlé con alargadas. Es obvio, pues, que una foto de una tableta de chocolate era lo que pedía mi artículo.

 

Como después de la penicilina, los tacones madeinspain y los pijamas que no aprietan el ombligo, Google es el mejor invento del hombre blanco, me dispuse a hacer una búsqueda exhaustiva en su función imágenes. Hasta ahí, todo de lo más normal: sólo hacía falta originalidad en el criterio de selección, más o menos gracias en el pie de foto y voilà! Peeeeeero… quiso la suerte y el desatino (o el buen tino a la vista de los resultados) que cuando puse “tableta de chocolate” como criterio de búsqueda, San Google me ofreció como primera entrada una foto de Brad Pitt con el torso al aire y con una sonrisa que me nubló el ganglio de la fidelidad. Of course, abrí inmediatamente el enlace que me proponían (la 33tena cursa con curiosidad manifiesta detrás de cualquier www.com) y vi que no siempre las apariencias engañan. Podía ser que Brad Pitt fuese el reclamo de una marca de chocolate Belga, podía ser que su sonrisa embaucadora quisiese venderme un Toblerone Blanco edición limitada, podía ser un banner terapia hidrotermal con envoltura de cacao. Poder, podía pero no. Brad, el torso de Brad para ser más exactos, era el propio reclamo, la propia chocolate bar.

 

Así que, con la duda de si Internet y las nuevas tecnologías se habían aliado para leerme el subconsciente y ofrecerme en imágenes lo que mi Yo Sensato no habría dejado aflorar, reordené ideas y prioridades parodiando al inefable Federico Trillo aquella celebérrima intervención de Trillo en el Congreso…

 

Manolo, el mazo…! – Pensé, tomando las riendas de la situación.

 

Sin duda había encontrado una ilustración a la altura de mis expectativas. Se trataba de ejemplificar a golpe de foto de cual era la sensación que me embargaba en el proceso creativo ¿que no?. Pues a falta de un momento de transmutación en el que mis lectores habitasen por un instante el averno de mi proceso creativo, el amigo Brad y su doricojónico torso lleno de relieves y en el que mi abuela María podría lavar a mano sus refajos como si fuese la piedra de ir al río, me pareció definitivo. Porque ¿qué mejor que un deleite visual tal que no deje impasible ni al más pintado para ejemplificar mis emociones cuando escribo? Pues eso, queridos, que escribirles es un placer (con cuadraditos abdominales incluidos).