Dulce pájaro de juventud

 

 

No había reparado en lo mucho que me gustaba Alejo hasta que en el día de mi treinta y un cumpleaños me vi soplando las velas y pidiendo con los dedos cruzados que él me besara antes de que acabase el año. El asunto no tendría más importancia que la de un calentón si no fuese porque mi madre, mi padre, mi abuelo, mis hermanas pequeñas, mi hermano mayor, mi cuñada y mi novio estaban frente a mí desafinando el cumpleaños feliz. Para cuando abrí los ojos tras pedir mi inconfesable deseo, quise morir fagocitada por la tarta de chocolate que siempre anuncio que no voy a comer y que luego acabo por chupar hasta la blonda de la bandeja. Allí estaba yo, con cara de soy un año mayor, espero que no se me note recibiendo besos y abrazos de mi familia y soñando con pegársela a Paco con un chico más joven que yo y del que a penas sabía que era guapo (-ísimo, saltaba a la vista), que era de tendencia a la infidelidad per se y con una caída de ojos a lo Paul Newman que me había dejado Know Out la luz de emergencia, esa que digo yo que se me enciende cuando veo peligro en el sexo opuesto.

Paco no sabe que desde hace dos meses cierro los ojos y pienso en Alejo cuando hacemos el amor y creo que es mejor que no lo sepa. No sé dónde lo he leído pero alguien con mucha vida en la maleta dijo que las fantasías sexuales son eso, fantasías. Hasta ahí, todo bien. Lo que me barrunta por la cabeza es qué pasa cuando es esa fantasía es la que te empuja a tener sexo con otra persona a la hace tiempo ya no deseabas de esa manera, no sé si me explico. Me releo y creo que este texto debería venir provisto de un botón de autodestrucción, no quiero imaginarme que Paco lea esto y sepa que mis orgasmos, además de no ser fingidos (nunca he necesitado hacerlo, me salen expontáneamente) son fruto físico de su cuerpo serrano pero fruto mental de Alejo. Lo dicho, un botón de autodestrucción quiero. Pues eso ¿qué es entonces, fantasía o infidelidad? Tic, tac, tic, tac…

Alejo es la antítesis de Paco y ese punto exótico puede que sea el que me atrae. A Paco ya se le ha pasado la época estudiantil de pedir gasolina de tres en tres euros para que el fin de semana le venga holgado. A Paco le mola más ver la tele que hacerme cucamonas con los ojitos y darme besitos de mariposa con las pestañas como cuando aún éramos solo novios, esos novios de te recojo en casa a las seis y te devuelvo a las diez. Paco no sabe si el matrimonio se ha hecho para sus costuras y cree que si nos llegamos a casar será por complacer a los demás, no sé si repara en mí cuando habla así porque a estas alturas debería saber llevo toda la vida soñando con verme envuelta en tul ilusión (oh, sí, qué le quieres, una es ñoña y no le importa confesarlo). Paco es un gran tipo, con él me siento segura, sé que nada me va a pasa si él puede remediarlo y eso se agradece pero a veces pienso que la vida tampoco te pone tantas pruebas a lo Indiana Jones para que tu novio luzca su lado salvaje y sus feromonas lo inunden todo. A Paco le gustaría tener sexo más a menudo y a mí que cuando lo tengamos sea más frenético; no me refiero a que me conecte a la corriente de 220 V, bastaría con que cada vez que sus manos se posan en mi cuerpo yo no sepa exactamente a donde van a ir en cada momento. Y no, no puedo decir que el sexo con mi Paco sea malo, que de suyo no lo es en absoluto, pero lo cierto es que echo de menos que me coma la boca como lo hacía cuando aún no estaba seguro si lo nuestro acabaría en cama o no.

Alejo es un chico de su edad. No sé si como definición valdría pero lo cierto es que eso es lo que es. La música le sigue pareciendo una caja de Pandora que siempre promete sensaciones, sale todo lo que puede y cuando no puede pide un préstamo, ha decidido independizarse al piso vacío que mamá tiene a las afueras,  ha dejado a su novia de casi toda la vida hace un par años y habla de ella maravillas, no alardea de sus conquistas pero tampoco las esconde, lo que hace que cada vez que me cuenta alguna batallita, mi tanga se humedezca de puritita envidia (lo sé, la expresión es algo soez pero entiendo que gráfica ¿Qué no?) A Alejo se le ve que es enamoradizo y lleva tatuado en la frente Soy un Romeo. Pues con todas y con esas, mi luz de emergencia, esa que siempre pipea a los tíos que me van a dar muy mala vida, se ha fundido y no puedo sacármelo de la cabeza.

He hecho una de esas listas en las que pones los pros y los contras de todo este disparate porque estoy hecha un lío. No es que esté pensando en mandarlo todo al carajo y dejar a Paco y a su colección de DVDs en la estacada pero tampoco puedo negar que llevo una temporada pensando que es una putada no haber venido de serie con la capacidad para vivir una tórrida aventura, una de esas que te dejan la piel fina y sedosa tras una guerra bajo las sábanas prohibidas. Una de esas que no confesarías si no fuese delante de un juez y aún así habría que ver si serían capaces de arrancarte tu secreto. Una aventura fogosa y reconstituyente, una de esas que él, tu amante, te recuerda lo buenorrísima que estás y lo mucho que le gusta mirarte entre la gente cuando tú no te das cuenta. Una aventura que sólo con coincidir en la misma habitación las chispas lo inundan todo. Y fuesen todo. Ay, una aventura, sólo eso…

Así que, tras releer mi lista y sopesar lo guay y lo chungo de acabar en el catre con Alejo, he llegado a la conclusión de que lo único que en verdad me apetece es que mi Paco se comporte como un quinceañero y me haga sentir viva otra vez. No se trata de que me regale la Superpop o nos tomemos una Coca-cola de lata a medias en el rellano de un portal. Es, más bien, que necesito saber que sigo siendo la mujer deseable y apetecible que Alejo no deja de hacerme saber que soy. Vaya, qué bien me siento, ya lo he dicho.

–          Nena ¿hace la última de Will Smith? – Irrumpe Paco en la sala de estar ignorando mis pensamientos.

–          Vale pero primero hazme el amor como la primera vez… – Le digo quitándome las gafas.

–          ¿Así de rápido…? – Replica Paco con gracia, esa que me tiene en le bote desde hace tanto.

–      Así de salvaje, Paquito…

–          ¿Aguantará el colchón?

Aquella tarde, Paco y yo tuvimos sexo como hacía tiempo no teníamos. No mejor, que ya digo que es difícil superarlo, pero sí más… picante. Ya verás como al final voy a tener que agradecerle a Alejo esa sanísima obsesión que ha despertado en mí. Cosas de la vida, ya ves…