¿Las chicas malas son malas siempre?

Entrevistos por Roberto G. Méndez, El Correo Gallego 29 marzo 2008

– Mire con qué mal pie entro en su página web: “No me van los informadores tendenciosos que se empeñan en hacer de mí una tonta”. ¿Me está avisando, o se refiere a que se puede escribir sin escribir ‘Guerra y paz’ y ni disculparse ni nada?

-No seré yo la que vilipendie a Tolstoi, pero me siento comodísima en el universo femenino y plural que he creado para mis lectores. Y sí, ‘Guerra y paz’ es un clásico, pero deme tiempo: ¡la risa se está convirtiendo en el Prozac del siglo XXI!

-Va por la cuarta novela, ‘A otra princesa con ese cuento’. Pero vamos a ver: ¿una sabinera como usted no da por bueno que las niñas ya no quieren ser princesas?

-¡Huy, calle! ¡Y lo felices que somos desde que permutamos el torreón por un billete en primera a Venecia…! Lo que nos falta por entender a las chicas es que los príncipes son cada vez menos azules y es una suerte, porque así no destiñen, ¿que no?

-No escribirá usted sólo para mujeres, pero póngaseme en tío: ¿se atrevería con algo titulado ‘Señálame un imbécil y me enamoro’ o ‘Quiero un hombre magdalena’?

-Apuéstese algo. Vencería mi ataque de testiculina y leería armado con rotu fluorescente y taco de Post Its. ¿Se imagina lo que aprendería de mujeres? La jartá de ligar que me iba a pegar.

-Lo mismo sí, pero concréteme: ¿qué es un hombre magdalena, exactamente?

-¿Esto suyo tiene horario infantil?

-Esto mío es un sindiós, no se preocupe.

-Vaya por delante que es fruto del verbo procaz de Guillermina, uno de mis personajes…

-Venga, dele.

-Un hombre magdalena es el tío con el que amaneces tras una noche loca y no sólo no te importa desayunar con él, sino que volverías a mojar… la magdalena. Ya está dicho.

-Y entendido. Yo soy más hombre café bebido, entonces. ¿La guerra de sexos en qué se queda? ¿En que hay dos?

-¿Una singular batalla de almohadas entre una vagina y un pene? ¡Me apunto!

-Defíname su literatura, ande, que yo no me atrevo: ¿si la llamo rosa, qué?

-Si se puede elegir, yo me quedo con el amarillo, que me favorece más y hace juego con mi coche. Pero lo cierto es que alguien ha dicho de mi literatura que es Chic Lit…

-¿Perdón?

-Comedia romántica para chicas de hoy en día. Yo apostillaría “que pueden comprar hombres como un manual para entendernos”, pero nadie me ha preguntado…

-Yo. Y hasta le voy a insistir: ¿lo suyo tiene más de autoayuda, de Bridget Jones o de miedo a aburrirse?

-Lo mío lo que no tiene es remedio. ¡Muero por llevar la normalidad al disparate! Así que no lo niego: me fascina la ecuación humor+acción+amor+sexo=¡novela al canto!

-Tiene una, por cierto, que aún no he citado, ‘Él, mi último pelo de tonta’, pero es que la guardaba para ahora, porque mire la tele: ‘Las tontas no van al cielo’, ‘Sin tetas no hay paraíso’… ¿Por qué no escribe series, con lo atinada que la veo con los títulos?

-¡Eso mismito me pregunto yo! Señores productores, ¿no quieren hacerse con el Ondas del año que viene con la adaptación de una de mis novelas? Hay que dárselo todo masticado, ¿eh?

-Lo que sí guioniza es uno de esos programas filón de niños ingeniosos para Televisión de Galicia. ¿Algo que declarar?

-Castin. Preguntamos: ¿Y después de la muerte qué? Responde el sabio diminuto: “Como dice mi abuela, el que en vida fue un cabrón, no cabe en el cajón”. País de ananos, los domingos a las 21.30. ¡No se lo pierdan!

-A ver este clásico: ¿escribe usted para que la quieran, como García Márquez; para que la lean, como todo el mundo salvo Juan Goytisolo, o para que la compren, como Umbral en los tiempos gloriosos?

-Como del teclado de mi ordenador no manan euros, por dinero no es. Lo hago porque es lo que sé hacer, lo que me llena y para lo que creo que he nacido. Si encima alguien me quiere por ello…

-Ya sé que su primer poema data de los siete años. No hay valor para recitarlo aquí…

-No. Se perdió la caja.

-El viejo truco. ¿Y un título de los suyos para esta entrevista? ¿Me lo presta?

-A los príncipes azules les huelen los pies (y a las princesas el sobaco). Como titular no sé si vale, pero como novela…

-Eso vale pa’tó.

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