“Un día sin una carcajada no vale la pena”  NOE MARTÍNEZ, autora de Señálame un imbécil y me enamoro, ¡Quiero un hombre magdalena” y Él, mi último pelo de tonta.

Noe Martínez, ¿por qué se enamoran las mujeres de imbéciles, si es que sólo se enamoran de ellos?
Nos enamoramos caprichosamente de los imbéciles pero nos quedamos con los que nos hacen reír, te lo aseguro ¿Y sabes una cosa? La culpa la tienen los cuentos infantiles que nos convencieron que detrás de cualquier rana puede haber un príncipe. Nadie nos preparó para el hecho de que alguna rana a lo más que puede aspirar es a convertirse es en sapo, en uno enorme, descomunal. Y, como el gato escaldado que hasta del agua fría huye, las otras ranitas, las que tienen el potencial para convertirse en nuestros príncipes de cuento feliz, no suelen tener su momento de Gloria hasta que les sale pelo… Va a ser cierto que somos complejas ¿No?
¿Ha tenido que soportar usted a algún imbécil en su vida?
¿En las entrevistas también se puede uno acoger al Habeas Corpus?

En estas primeras producciones ¿cuánto hay autobiográfico?
Lo justo y necesario es nuestro deber y salvación, que diría el otro… Es imposible tratar de abstraerse al cien por cien. Intentar crear un personaje sin ninguna afinidad personal se me antoja imposible  y aburrido, quizá mas aburrido que imposible. Y con ello no quiero decir que yo me haya cruzado el charco con una maleta llena de tangas en busca de un cambio en mi vida… ¿Un vasito de agua no tendrías, se me seca la garganta? Uf ¿Sonó convincente?

Las manías de los escritores son muchas y variadas. ¿Tú las tienes?
¿Cuántas horas me das para hacer un desnudo integral? Más que manías de escritora, las tengo personales: Sólo me gustan determinadas cucharillas para comer el yogurt, siempre me meto en la cama por el mismo lado, apago las luces de la misma manera, me exaspera una nevera desordenada, que se chupen un dedo para pasar la página de un periódico en una cafetería, no soporto a la gente que hace ruido con el matasellos, la gente que se define como “yo soy esa clase de persona que…” ¿me puedo tapar ya?

Muchos escritores emplean la noche para escribir… ¿Tú cuándo escribes?
In the mornig, querido Watson. Contra todo pronóstico, la mañana para mí es una fuente inagotable productividad. Soy un rara avis al que le apicanta madrugar, regalarme un desayuno pantagruélico y ponerme al tajo. Excuso decirte la de veces que he tenido que jurar que no estoy ofrecida a ninguna deidad conocida y/o ignota para justificar que me levanto temprano por puro placer.

Escribir con tacones de 10 cm. de alto, uñas impecables y largas y de “tiros largos” ¿Es complicado o más bien un ejercicio de equilibrio?
Es la puesta en escena perfecta ¿Se merecen mis personajes menos galas que mi ginecólogo, al que le brindo una sesión de rímel, lencería fina (que nunca llega a ver), carísimo perfume y bolso prohibitivo? Sería una desfachatez por mi parte no darme cuenta de que, mientras escribo, lo que se está representando en el papel no es, sino, una obra de teatro para mí solita. Y como toda ocasión sublime, procuro dejarme elevar del suelo: 10 cm. son lo suyo.

Con tres novelas editadas… ¿Se trata del sueño de una noche de verano?
Lo mío es más bien un aféresis en cuatro estaciones. Llevo soñando con este momento desde que tengo memoria. Una empieza a escribir por hacer un exorcismo sentimental (casi siempre el detonante suele ser un Don Juan) y luego se convierte en “tu otra vida”. Es una realidad paralela que crees que creas tú hasta que te das cuenta de que cada uno de los personajes de tu novela no hacen otra cosa que soñar por ti ¿Qué si es un sueño? Que la gente se divierta y disfrute con tu trabajo tanto como tú desarrollándolo, como no va a serlo.
 

Si por un casual, seguro, estas producciones son un éxito editorial a qué destinarás los ingresos ¿un viaje o comprar unos “Manolos”?
Mamá, no leas esto: Of course! Ya sé que debería decir que me voy a guardar los dineritos en una cuenta ahorro vivienda o un plan de pensiones o que haré un colchón con los millardos (Ironía súper mil) que me voy a embolsar pero, ciertamente, no veo la hora de coger a mi media castaña y regalarme un pase en primera al limbo ¿Te deletreo el apellido…? B-l-a-h-n-i-k, por si tienes un momento dadivoso.

¿Te consideras una narradora de hechos con humor ácido?
Me considero una chica de treinta y un años a la que le suceden las cosas normales de una chica de treinta y un años. La vida en sí misma está plagada de humor lo que pasa es que, generalmente, no solemos prestarle la atención que debiéramos. Yo siempre digo que un día sin una carcajada no vale la pena. Si la vida nos da gags ¿por qué ir de sobrados y no reírselos? Yo lo único que hago es novelarlos y, de paso, partirme la caja mientras los escribo.

¿Cómo sería el título de su novela si se invirtieran los papeles, si en lugar de mujeres fueran tres hombres los protagonistas?
No creas que no tendría su punto, me anoto la idea para la segunda novela. Sería algo así como Nena, hazme el amor, verás como valgo la pena o quizá Dame algo, aunque sea el beso del viernes. El argumento, fácil, la otra cara: Chico quiere que bombón 90-60-90 deje de llevárselo al catre cada viernes después de cinco copas y de haberse visto rechazada por el imbécil de turno. Tampoco sería mal título Yo o la concupiscente vida un mejor amigo, esos que pasito a pasito siempre suelen llevarse al gato al agua.

¿Sería Noe Martínez amiga de tres chicas como Clara, Inés y Otilia, las protagonistas de su primera novela?
Te aseguro que mis personajes tienen el don de la universalidad, Otilia, Clara e Inés podrían ser cualquier chica en la treintena. Si las afinidades unen, ni te digo lo que unen las adversidades: que tire la primera piedra la que no haya pensado en liarse la manta a la cabeza alguna vez, o la que no haya tenido la tentación de inventarse una vida perfecta donde sólo hay escollos, o la que no haya tenido que aceptar trabajitos  convenientes en lugar de motivadores… Como te digo, mis personajes son factibles, tan factibles que, en ocasiones, yo podría ser una más.

¿Con cuál de las tres se queda y por qué?
Con las tres en su conjunto por ser absolutamente complementarias. Para mí es poco más difícil que decantarme por la parte blanca o negra de la Nocilla bicolor o el caramelo o el chicle del chupa Koyak… Podría decirte, sin reparo, que la que menos me gusta es Ingrid, por razones obvias. Aunque todo en el universo tiene un por qué y ella, en la novela, es un detonante para la trama.
 

¿Cuándo ha perdido su Último pelo de tonta?
¿Me creerías si te digo que hay algunas que siempre tenemos uno en la recámara por si aparece la ocasión? Culparlos a ellos de nuestra alopecia tan prematura como sentimental es muy injusto pero lo cierto es que, cuando nos empeñamos en que una historia sin futuro sea la definitiva, lo que menos nos importa es el pelo. Con concentrarnos en auto convencernos de que lo imposible es factible, bastante tenemos.

¿Qué significa ser mujer, gallega y haber traspasado la treintena?
Significa ser una pieza más en el puzzle del mundo. Me siento con capacidad para cambiar, mejorar, mantener y disfrutar del ahora que me ha tocado vivir, plenamente consciente de la realidad que me rodea y con todo en mi mano para sacarle partido a lo que la vida me vaya regalando. Los treinta y un años de los que hago alarde no son más que el pistoletazo de salida para todo lo que me queda por hacer y por continuar. Ser feliz y no dejar de perseguir sueños, no se me antoja un mal plan.

Se considera adicta al Hola… ¿Qué leen las mujeres de su edad?
Almudena Grandes, Julio Cortázar, Mariam Kelles, Mario Benedetti, Ann Tyler, Saramago, Flauvert, García Márquez, Rebecca Wells, Pérez Reverte, Ibsen, Primo Levy, Isabel Allende, Marcela Serrano, Elvira Lindo… ¡De todo! Por suerte, la oferta es amplia y nuestra posibilidad es infinita.
Somos una generación de mujeres totalmente involucradas en la sociedad y el mundo en el que vivimos. Obviamente, devoramos la prensa diaria, los semanales de los periódicos de los domingos en los que las grandes firmas de este país exponen su visión de la actualidad. Lo mismo compramos el Hola para soñar con vidas de fasto y despendole, que nos llevamos a casa una revista sobre nutrición, pilates, informática, cine, música, del motor o bricolaje.
Con todas y con esas, aún nos queda tiempo para la frivolidad de la manicura, eh…

Tanto Señálame un imbécil y me enamoro como ¡Quiero un hombre magdalena! o Él, mi último pelo de tonta desbordan humor por los cuatro costados, y pese a lo corrosivas y sarcásticas que son, son decididamente optimistas. ¿Cree en los finales felices en la vida o solo en la literatura?
Alguien dijo de mí una vez que soy rosa. Yo matizo: soy rosa chicle, que el rosa bebé no me favorece. Es cierto, soy una entusiasta y, de por mí, soy de naturaleza optimista y adoro los finales felices. Una peli, un libro, una canción, un postre, un buen revolcón… Los finales felices son geniales para echarse a dormir con el mejor sabor de boca.

Por último, ¿por qué hay que leer a Noe Martínez?
Por que no hay tantas oportunidades al cabo del día en las que echar una risa se convierta en terapéutico. Ojo, en caso de cirugía abdominal o bucal, cuidadito con los puntos, no quiero ser responsable de desaguisados por exceso de hilaridad… No se me ocurre mejor manera de disfrutar media horita antes de irse a dormir que leyendo una de mis novelas. Bueno, sí se me ocurre pero yo, en eso, ya no tengo ni voz ni voto…
Картини