Mi Kitty más chinesa

– ¿Un separador de claras…?

Pues sí, joder, un separador de claras ¿Dónde estriba la duda, en sepador o en claras? Mi media mitad, a veces, parece no escucharme. Si me ha costado un euro, un mísero euro ¿A qué viene entonces esta batería de preguntas? No, no tengo ni idea de si nos hacía falta. No, no creo que fuese imprescindible. No, tampoco sé qué es lo que se supone que puede hacerse con esto además de separar claras. Ya sé que eres alérgico al huevo pero yo no estoy diciendo que, a partir de ahora, vayamos tomar merenguitos todas las noches. Te repito que no soy gilipollas. A ver, repite conmigo C-O-N-S-U-M-I-S-TA, eso es lo que soy.

A mi chico le pone hepático ir a los Súper chinos – Súper cien. Dice que no entiende cómo se puede comprar nada en un sitio en el que el fulano que te cobra no habla tu idioma y puede que haya tenido que merendarse a su abuelita con un rollito de primavera para poder quedarse con su pasaporte. Dice que la inmoralidad femenina no tiene límite ¿Ah, sí? ¿E irse de barrucas con rumanas o colombianas sin papeles? ¿Tiene eso mucho que ver con la moral masculina? Aaaaamos, anda… Los Súper chinos – Súper cien son el diván de mi cartera, que puede subvencionar casi todo lo que abarcan mis ojos sin pensar si en el mercadillo no sería más barato. Ese es el truco y los amarillos lo saben. Nada ha de sobrepasar el umbral de gasto del pobre inmisericorde. Todo bajo precio y los occidentales nos llevamos hasta lo que no necesitamos. Lo que desconocemos. Un separador de claras, pongo por caso.

Generalmente no suelo enseñarle a mi chico mi alijo de chinorradas pero, alguna vez que otra, me pilla por tonta del culo. Vale, ya dije que no soy gilipollas pero reconozco que un poco pardilla sí. La otra noche, sin ir más lejos, nos disponíamos a meternos en la cama y, tras entrar en calor y al abrigo de edredón de plumas y amparada por la oscuridad de la casi madrugada, me quité la parte de abajo del pijama ¡Qué sensación tan plena la de sentir las piernas libres de ropa…! En ello cavilaba cuando él dio un alarido que ríete tú de la sirena del 061.

– ¡Hostias, nena, enciende la luz que hay fuego en la cama…! – Llevado por un pánico que hasta el día le desconocía, mi chico trató de encender la luz de la mesilla y apagar el foco del incendio al mismo tiempo, asestándome tal manotazo todo el hueso pélvico que a puntito estuvo de dejarme sin clítoris.

– Pero que coño… ¡¿Qué coño…?! – Decía él.

Él estaba preparado para todo. Lo que fuese. La guerra. Un holocausto. Un fenómeno polstergaist. Para todo, ya digo. Para todo menos para mi tanga fluorescente con dos alitas de mariposa en culo y con un botoncito rojo en la parte de delante, justo, justo, en medio de la diana. Me giré a toda velocidad hasta quedar boca abajo y con la cabeza metida en algún lugar entre la almohada y los muelles del colchón. Él se acercó a mi culo y lo recibieron las alitas abiertas de mi mariposita trasera.

– ¿Qué cojones es esta mierda que llevas puesta…? ¿Una braga que reluce? ¿Tú crees que esta cama es una convención de Protección Civil…?

Yo no contesté a nada de lo que preguntó aún cuando él tiró de una de las alitas de mi mariposa para ver si la procedencia del lepidóptero volador que coronaba mi rabadilla era autóctona. No dije nada cuando él empezó a partirse la caja con una de las alitas en la mano preguntándose qué clase de enajenación mental debía sufrir su mujer en el Súper chino – Súper cien para salir con un esperpento como aquel y, encima ponérselo. Mi chico apagó la luz y me dio una palmadita en el culo…

 

– Para que aprendas, tontita…

Justo en el momento en el que él ya estaba tomando posiciones abrazado a mí y cerca de mi pompis, una musiquita lejana, como ahogada por la ropa, irrumpió en nuestro tálamo de amor. Él no dijo nada, echó el brazo fuera de la cama y encendió la luz de nuevo. Se puso de pie y se cuadró. Sólo cuando el himno del Taragoña Fútbol Club dejó de sonar entre mis piernas, él volvió a mi lado…

– ¡Ésta es mi nena…! ¿Y el chino no tendría unos gallumbos con la nueva de Bustamante, esa que tanto te pone?