Toma que toma, que toma, que toma, que toma ya…

Rindámonos: Los tiempos no sólo han cambiado, sino que parecen estar tan encantados de haberlo hecho que no piensan volverse sobre sus pasos. A poco que me esfuerce, aún soy capaz de oler el pan recién hecho y la tinta fresca del periódico que mi padre traía solícito cada mañana dominical durante toda mi infancia. Era como la cita ineludible y/o diferencial del fin de semana: Papi iba a comprar la prensa con los muchísimos suplementos para que el domingo fuese algo más que un agónico principio de casi lunes. Pero, itero, los tiempos han cambiado. Y tanto, ahora ya no hay que tener dos euros sueltos, uno para la baguette y otro para la prensa, ahora basta con la moneda del pan, el periódico, cosa estupenda, ya lo podemos leer sin desembolsar ni una perra gorda ¡Bienvenida, prensa gratuita!

Con este tipo de publicaciones me ha pasado un poco como el tipo aquel del anuncio de la tónica, el que la había probado poco para saber a ciencia cierta si le gustaba o no: He tenido que darle más de una oportunidad para acabar de creerme que, efectivamente, las noticias que allí se me adelantaban eran tan o más fidedignas que las de los medios de pago. Y no era que yo les negase la mayor a sus fuentes, era simplemente que el refranero español ya me lo había grabado en el disco duro bien clarito, a caballo regalado… Pero por una vez, y puede que sin que sirva de precedente, a este caballo lo agasajan con todos los piños, que sí.

Hay por ahí iluminados que les reprochan la vacuidad de sus artículos y puede que lo superficial del tratamientos. Los hay. Hay quien dice que no son sino el arma homicida que, junto a Internet, acabará por lapidar a la prensa escrita. Los hay. Los hay que dicen que, a la vista de sus escasos anuncios, no son un medio rentable ni afianzado en el sector. Los hay. Los hay que echan de menos la sección de contactos y el Sodoku. Que sí, que los haaaay. Por haber, los hay hasta que critican a la prensa gratuita sin haberla leído con detenimiento ni una vez en su vida. Los hay y muchos. Pero los que más abundan, sin duda, son los peces rechonchitos de esta parafernalia mediática que se llama medios de comunicación que no entienden que este formato no es sino un aliado para ellos.

Me explico: Gracias a la prensa gratuita, el ciudadano de a pie se aproxima a una selección de sucintas noticias de manera accidental (Nunca hubiese comprado un periódico para acompañar a su raudo periplo de su cruasán hasta el café con leche antes de ir a currar). Si la noticia es de su interés, no me cabe duda alguna de que más tarde recurrirá a la prensa de pago para completar su punto de vista. Voilà! Como digo, son dos medios complementarios e, incido, alguno de los holdings periodísticos de este país debería darse cuenta de que el filón estaría en patrocinar en la Free Press el adelanto de las noticias que ellos ofrezcan en exclusiva. A poco que lo piensen y, evaluando el número de lectores que cada día se suma a este tipo de publicaciones, se darán cuenta de que una vez más, camarón que se duerme, se lo lleva lo corriente…

Yo, personalmente, echo en falta algún magazines dominguero que me ofrezca muestras de Coco de Chanel o quizá la última locura labial de Max Factor para besar a diestro y siniestro sin que se me disloque el perfilador, pero que conste que, lo de amenizar mi té con leche diario con una batida rápida por la actualidad sin tener que dar un manotazo (en superlativo por aquello de la extensión) a la información de la bolsa y los deportes, me parece chupi canela. Como digo, sólo queda que se les ilumine la bombilla de las buenas (-ísimas) ideas y se marquen un suplemento femenino a lo YoDona ¿Pero qué digo? ¡Ni falta que hace! ¿Es que no les han hablado de Ames Directo? Mónica, cielo, a ver para cuando una muestra gratuita de carmín que llevarnos a los labios… :-P.

Nota: Y por cierto, el nacho del anuncio de la tónica debió de haberse perdido el capítulo aquel de Barrio Sésamo en el que Coco explicaba las diferencias entre gustar y disgustar. Al tal le ponía yo un vaso con potaje de vigilia del comedor de mi antiguo colegio y un vaso del refresco de marras para disiparle las dudas de una vez por todas ¿A que eres incapaz de titubear al respecto de si el sopicaldo aguado y grasoso de mi cole está o no bueno? Por ello, guapito de cara, estoy segura de que a ti sí te gusta la tónica. Y desde el principio. Juas.