El Imbécil ya tiene un añito   ¡Cumpleaaaaños feliiiiz ♪ Cumpleaaaaños feliiiiz ♫ Te deseaaaamos tooooodos ♪ Cuuuuuumpleaaaños feeeeliiiiiz!

Vaya, cuesta creer que haya pasado tanto tiempo pero las fechas casan y las cuentas no fallan: Hoy, 1 de diciembre, hace un año que mi ópera prima “Señálame un imbécil y me enamoro” salió a la venta. Me releo y no sé si sería más romántico escribir salió del anonimato pero lo cierto es que mis personajes nunca han sido anónimos para mí. Desde la primera vez que me puse al frente de darles verbo, supe que ellos darían que hablar ¡Y sobre todo a mí! Fijaos si ha sido así que desde aquellas vísperas navideñas, no he parado de hablar de ellos, de mis novelas, de mis proyectos, de mis ilusiones y mis sueños cumplidos. Nunca, ni cuando frotaba mi par de tacones favoritos como si fuesen la lámpara de Aladino, podía imaginar que todo iba a ser tan redondo, tan especial, tan de todos vosotros que me leéis y a la vez tan pero tan mío.

Y es que cuán largo se hace el proceso desde que se remata una novela hasta que alguien confía en ti y te dice que no has estado perdiendo el tiempo, que lo que tú creías no iba a terminar sino siendo el calzo perfecto para la mesita del salón que siempre cojea, es, efectivamente, una novela. Camino largo y duro. Me atrevería a decir que incluso exasperante pero, en mi caso, la publicación ha venido con regalo: Alejandro Diéguez, mi editor, mi amigo. Mi amigo y mi editor, que tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando.

Durante mi periplo por el desierto a la busca de alguna editorial con olfato para lo bueno (es decir yo) me ilustré hasta el hastío sobre la figura del editor. Había leído tanto y no siempre tan bueno, que me los imaginaba como si fueran cíclopes a los que habían dotado de, además de un ojo descomunal con el que intimidaban a los escritores noveles como mi menda lerenda, de una caja registradora que te dejaban caer encima una vez sabían que te tenían calaíta. Pesadillas tenía. Por éstas. Pero Alejandro no tiene un ojo sólo, tiene dos. Y un corazón tan enorme y confortable que da gusto que me haya dejado entrar sin hacerme sentir una invitada incómoda. A él le debo ser el mago de este cuento del que despertar no es sino seguir soñando. Gracias, maestro, por este año de empuje y ganas.

Que los míos, mis padres, mi hermano, mi gordito de amor y la gente que me quiere han jugado un papel decisivo en todo esto, no me canso de repetirlo. Sus achuchones eran los que pegaban las piezas del puzle al que yo quedaba reducida cuando la enésima editorial me devolvía la novela. Ellos son los que me disuadieron de ir allí a hacer una que valiese por dos; for example, hacerle comer uno de mis originales a la mamarracha que me cogió el teléfono y me informó de que:

– La Editorial Universo Que Todo Lo Puede tiene cerrados los objetivos de edición para los próximos dos años – Yo, sabiendo que sólo me quedaba el Harakiri o la hironía, hice de bilis corazón y la hostigué con un:

– Disculpe ¿Los próximos dos años, me dice? – Pausa dramática – ¿Y si mi novela llega a ser el mismísimo Quijote del siglo XXI, la dejarían pasar por tener cubiertos los objetivos de edición para los próximos dos años?

– Aha – Me contestó ella, delgada y fina como una sardina.
 Confieso que, a día de hoy y aprovechando el aniversario de mi primera novela con tres ediciones que atestiguan su tirón, me he quedado con las ganas de hacerle unas preguntitas a la susodicha:
 
a)      ¿Has leído el Quijote, mula torda? No, los dibujos animados de TVE no cuentan ¿Lo has leído?
b)     ¿Te dan un premio si dejas sin aliento a los escritores sin padrino? 
c)      ¿Sufres hernia de hiato o sólo es que el tanga te aprieta el ya te dije?
 
En fin.
Brindo, pues, por este año de ilusiones que no dejan de sucederse, por mis dos novelas “Señálame un imbécil y me enamoro”, “Él, mi último pelo de tonta” y mi editorial Ézaro Ediciones que no dejan de darme satisfacciones ni cuando duermo ya que siempre están en mi mesilla de noche para recordarme que ser feliz no está reñido con estar despierto. Brindo por vosotros que os rascáis el bolsillo y leéis mis novelas pudiendo estar delante de la tele enterándoos de si la Pantoja lleva o no DIU o si el señor Muñoz le robó también el cepillo al pobrecito de Asís. Gracias a todos por ser parte de mi cuento. Y sobre todo, gracias a Inés, a Clara y a Otilia, por ser tan divertidas, tan libérrimas y estar tan encantadas con su huracanada condición de ser mujer. Personajes míos, a sus pies…
 
Noe Martínez