Ole mi arma...

Si hay alguna pregunta que me han hecho una y mil veces en este último año ha sido ésta:

– ¿Qué tipo de literatura escribe Noe Martínez?

Y mira tú que, a simple vista, parece una cuestión de fácil solución pero no lo es. Juro que es complicado, tanto como hacer una cara del cubo de Rubik sin hacer trampas arrancándole las pegatinas. La primera vez que un periodista me la hizo a bocajarro, me chiné pensando que mi primo no había tenido a bien leerse la sinopsis de alguna de mis novelas pero ahora, con la piel curtida en ferias del libro, periódicos, radios y televisiones varias, me he dado cuenta de que lo que quiere el respetable es que me posicione en el universo: Noe, dí para quién escribes y por qué.

¿Para quién pintaba Picasso? ¿Y Dalí? ¿Para quién esculpía Rodin? ¿Y Botero? ¿Para quién proyecta Frank O. Gehry? Porque yo me pregunto ¿Son ellos los que eligen a su público o es el público el que se enamora de sus obras? Ya, ya sé, el huevo o la gallina. Aunque yo he de confesar que, aquí sentada, al pie de mi portátil nuevo y a las 00:24 horas de una noche cualquiera, lo mismo me da como lo mismo me tiene que con mis libros se emocione un deportista, una doctora, un opositor, una cajera del Gadis, un reponedor de frutas, un abogado, una protésico dental, un peluquero, una mamá, un hijo que quiere ser hija, un payaso o una astronauta porque yo, queridos míos, escribo para las personas.

Entono, sí, el mea culpa: Narro sobre lo femenino como si fuese un éter y ello me lleva, casi siempre, a alunizar en la biosfera masculina y viceversa. Alguien dijo alguna vez que por sus hechos los conoceréis. Pues ellos, ellas, mis personajes a fin de cuentas, se definen solos con sus propias vidas. Ellos sí que no entienden de literatura femenina o novelística BridgetJonesiana. Todos rebosan vida, respiran el devenir de la problemática propia del que siente aunque sea entre líneas. Y aún así me vuelven  a preguntar ¿Escribes para mujeres? Palabra que el asunto me recuerda a mi inmejorable infancia en la que siempre había algún iluminado que le encontraba gracia a hacerte elegir entre el amor a papá o a mamá ¿Es que hay alguna ley genética que justifique la incompatibilidad de un amor equilibrado hacia los dos? Lo dicho, personas, para ellas escribo y sé que no son un bien escaso, por qué habría de serlo.

Vale, pues escribo porque necesito echar para fuera telarañas, sentir que soy capaz de dar vida a lo que a simple vista no son más que letras, líneas, puntos, comas, sangrías. Escribo porque no sé si sería capaz de vivir sin hacerlo, porque no consigo ni quiero serenar el vértigo que me posee cuando tengo un buen texto entre manos, porque me siento como un orfebre que talla con mimo, porque no tengo ni idea de qué otra cosa podría hacer y que me hiciese sentir tan plena, tan peculiar, tan privilegiada. Porque cuando releo lo que he parido me parece mentira que haya salido de mis dedos, porque nadie, ni yo misma las más de la veces, entiende como he podido crear un historia partiendo de la nada. Porque nadie me manda y nadie me exige, porque la libertad del papel en blanco es como ver una cometa en el cielo y sorprenderte de que sea la tuya que por fin has conseguido volarla. Escribo por placer y por egoísmo. Por orgullo y por vanidad. Por complicidad y por reírme. Por aceptarme a mí misma como parte de mi juego. Por ayudarme a ser quien soy y a convertirme en lo que seré. Porque me lo propongo y soy muy tirana con lo que me exijo. Pero sobre todo y por encima de cualquier sin razón, yo escribo para que me quieran.икони