Sugerencia musical, Djobí, Djobá, de Gipsy King

https://www.youtube.com/watch?v=KYZ5QmbCYR4

 

 

En qué momento hay que enseñar a tus niños que los valores que los adultos ponemos en alza, no son del todo ciertos. Porque claro, hay que dar mucha zanfoña con el asunto de no se miente, que contar trolas no está bien, y después, cuando los pobres sacan a relucir sus altas capacidades con el uso y disfrute de su infantil sinceridad, nos ponemos del color de un sueco en la Costa del Sol. Rojo se me antoja poco gráfico, cuando la vergüenza tiñe mis mejillas y hace que baile la gota fría, que cantaba aquel.

- Nicolás, mentir es feo. No es necesario hacerlo, porque cuando se hace algo que no está bien, es mejor decirlo y tratar de solucionarlo…

Letanía maternal, versículo 1.

Le das mil y una versiones de lo mismo, todo para que entienda que con la verdad se va a Roma, o París, que aún no entiendo muy bien por qué mi mayor todo lo remite al mismo lugar. Dudo que haya visto ‘Españoles por el mundo’ TVE, así que supongo Disney y el ‘Jorobado de Notre Dame’ algo tendrá que ver. Vale, pues con la verdad, ese don maravilloso, tan loado y buscado por en cualquier situación de la vida, para forjar carácter, sentar las bases de lo que en el futuro será un adulto de bien, crear vínculos sanos con su entorno social, es un arma de doble filo que, os lo aseguro, no tarda mucho en darnos en todo el jeto a los papás animosos, que vemos en la educación emocional una prioridad.

La primera ocasión en la que esa locuacidad infantil para decir siempre lo que l-e-s  a-p-e-t-e-c-e  y  e-s  v-e-r-d-a-d te pilla desprevenida, con la guardia baja, y, casi siempre, con las manos ocupadas para mitigar los decibelios de la tan certera como ‘pero-qué-dice-que-me-va-a-dar-parraque’ elocuencia de tu niño.

- Mamita: ese culo gordinflo, qué…

Cola del supermercado, hora punta. Cientomil humanos en fila, aguardando a que la cajera se entienda con la nueva terminal, que no escupe el ticket ni metiéndole el palo de la mopa por la ranura. Nicolás, que es más bueno que un sol y tiene capacidad para entretenerse censando moscas (minuto y medio, claro), se queda mirando el enoooooooooooooooooooorme pandero de una señora chandalera, de las que usa mallas Nafta hasta para ir a misa de doce. Yo, que estoy pendiente de que él no haga que una docena de huevos se suiciden, carro abajo, me giro, dándole la espalda a la señora y a su sacrosanto apéndice y le digo…

- ¡Shhhhhh…!

- ¡Shhhhhhqué…! – Arquea la cejas; me temo lo peor… – No mihagasshhhhhymiraelculogordinflodesaseñoraaaaa

La señora, que, efectivamente tiene el culo gordinflo pero eso no cursa con sordera, se gira, incómoda, regalándonos una mirada full of rayos gamma, de esos que vuelve malhumorado y harapiento al bueno de Hulk. Me entran ganas de gritar, de salir de allí por piernas, con el niño al caballito para que la huída sea más ¡piuuuuum!, pero pienso que no puedo, porque el bebé necesita pañales, el padre maquinillas de afeitar, yo mermelada de albaricoque sin azúcar y la abuela cereales Kellogs con chispitas de chocolate, entre otras muchisisisisimas cosas que juegan al Tetris en el carrito. Me hago un ‘a mí plin, soy una madre figurín’, y dejo que la cosa se solucione sola, eso sí, entreteniendo a mi amor de amores, para que deje de dar por c*lo con el asunto del diámetro del ídem de la señora de marras.

- ¿Sabes qué…? – Le digo, intentando desviar su atención – Que si hoy llegamos tempranito a casa, vamos a hacer palomitas en el microondas: ¿qué te parece…?

- ¿¡Palomiiiitaaaaaas…!? – Inquiere emocionado.

- ¡Palomitas! – Sentencio, orgullosa, sabiendo que cocinar con mis niños, independientemente de que los granitos de maíz que caen al suelo puedan llegar a Almansa, me convierte, a sus ojos, en una madre molona.

- Pero no podemos hacer palomitas: hoy no metiste en el bolso muchísimas bolsas de papel de esas en las que pesamos las empanadillas, ¿o no te acuerdaaaaas…?

Djobí, djobá, cada día te quiero más, djobí, djobí, djobá.

Meeeeck. Campana y se acabó. No quedaba duda alguna de que yo, la mamá molona que hacía palomitas con su niño, era, además, una birladora nivel PRO. Pero, ¿qué culpa tendría yo de que no vendiesen saquitos de papel para hacer palomitas, y que me viese obligada a ‘despistar’ unos cuantos en sección de panificados? Para aquel entonces, toda la cola de humanoides (la humanidad ya la habían perdido cuando la cajera tuvo que volver a pasar toda la compra de un cliente, a la voz de ‘el sistema chupó todo lo que le metí’; las segundas interpretaciones, cuánto han hecho por la serotonina popular, ains…) se había vuelto para mirarme; algunos, con cara de sé bien de qué me hablas, yo también me agencio bolsas de pesar fruta para la papelera del baño. Otros, los menos, con cara de señoraaaa, hay qué ver qué ejemplo. Pero sin duda, la mejor cara, la de la señora con el culo gordinflo, que vio en mi humillación pública, digna venganza a su celulitis trasera.

- Nicolasiño, hijo, no es necesario decir todo lo que se hace… – Acaricio la cabeza de mi primogénito, aún con sudorcito frío recorriéndome la espalda.

- No hay que mentiiiir, mamita, mentiiiir es feo. No es necesaaaario haceeeerlo, porque cuando se haaaace algo que noooo está bieeeen, es mejoooor decirlo y tratar de solucionarlo

Nicolás C. M., 4 años, genio y figura, imitando a mamá y su empeño en educar en valores sociales con criterio: sinceridad… Con musicalidad y alevosía, así se ganan las batallas que no tienen cabida. De cuando educar en ‘hay que ir con la verdad por delante’ te da en todo el hocico. Pero con la mano bien abierta, oigan… :)