7.- CÓMO DICES…!?

 

SUGERENCIA MUSICAL, Quelqu’un m’a dit de Carla Bruni

https://www.youtube.com/watch?v=sNHlp56G5-0

 

 

Y sí, ser mamá es una genialidad de difícil explicación, por mucho que tengas claro lo del espermatozoide y el óvulo. Lo sabes, y aún así, cuando la tintura del test de embarazo te dice que te agarres, que viene curvas, no acabas de creértelo, porque ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Pero ya, sin previos? ¿Sin oír querubines y bandas de pueblo, anunciando fiesta patronal? Así, a loco, sin darte a penas cuenta de que lo que llevabas buscando meses está por fin aquí, empieza el gran viaje de tu vida. La vida en High Definition con gafas 3D, aunque para ello tengas que renunciar a casi todo, y esa renuncia la hagas de manera natural y voluntaria, porque qué habrá más fuerte que el amor a los niños que han salido de ti, de tu barriga increíble, que, sin planos ni Tom Tom Go, ha conseguido hornear y dar forma a un ser humano, con sus piernecitas y sus bracitos, su ombligo redondito, sus orejas alineadas a cada lado de los ojos, con su nariz de Lacasito y esa sonrisa de ‘vengo diseñado para molar’. Todo, todito, todo, lo ha hecho tu cuerpo, sin que tú, conscientemente, hayas tenido que supervisar nada. Si eso no es magia de la buena, que venga David Copperfield y lo diga, ¡telita…!

Pero yendo al punto kilométrico 0, al origen del mundo de sensaciones, amores y miedos que dan forma a la vida con niños, no deja de tener su gracia que todo comience así, mirando un stick con dos rayitas moradas, que no dejan duda de que allí, haber, hay tomate…

– ¿¡Cómo dices…!? –  Maridito dixit.

– Como te lo cuento… – Yo y mi susto, qué locuacidad, no me digáis.

Lo sé, en las películas, cuando la futura madre le da buena noticia al futuro padre, suele haber un escenario preparado y una cena romántica (nunca he entendido este término: ¿romántico implica a la luz de las velas, viendo menos que Pepe H*stia? Romántico son las ruinas de Tulum y allí hay luz como para subrogar a ENDESA…). Imbuidos por la intimidad del momento, ella, la futura madre, suele deshacerse en lágrimas de felicidad, compartiendo frases insuperables como ‘cariño, vamos a ser padres. Sólo espero que se parezca a ti, que eres de lo bueno lo mejor’. En esas pelis de amor almibarado, en las que llorar es condición sine qua non para sentenciar que ha sido un peliculón que te c*gas, el futuro padre suele coger por la cintura a la futura madre, que se deja balancear como llevada por su insoportable levedad, que diría Milan Kundera, y que no se acuerda del bebé que lleva dentro. En esas pelis, la noticia de la próxima llegada de un hijo suele ir acompañada de una BSO colosal, abusando de melodías de pegajosas y pegadizas, que se te quedan en la cabeza durante días, quizá años, y que no quieres dejar caer en el olvido, para cuando, por fin, seas tú la protagonista de tu propia historia, y toque hacer feliz al futuro padre, recurras a aquella música para aderezar el comunicado de que vuestro bebé it’s comming.

Pero después, tiempo más tarde, cuando por fin es tu momento y la oportunidad perfecta para hacer del asunto un día memorable, te pueden las prisas, los nervios, las ganas de gritarlo… y de que alguien se apiade de ti y de tus náuseas, ojú. Así que, ahí estás, con el pijama de ositos, el moño de andar por casa, con la cara hinchada de dormir rato sí, rato no, dando la noticia desde el baño, con el culo aún sentado en el inodoro, porque el susto te impide ponerte en pie. Blandiendo el Predictor como si fuese la Tizona de El Cid, berreas que es positivo. Pero positivo tan positivo que no puede ser más positivo. Las dos franjitas moradas te recuerdan que el sexo tiene efectos secundarios muy beneficiosos para la piel, la psique ¡y el útero! El futuro padre, que casi se come la puerta del baño con las prisas, no puede más que coger la prueba de embarazo y preguntar una y otra vez ¿En serio? ¿En serio? ¿En serio? ¿En serio?

– En serio… – Me río, tapándome la boca con la mano, porque por fin encuentro explicación a las arcadas de los últimos días.

– ¿Estás preocupada? – El futuro padre se acerca a mí, para abrazarme y retirarme las manos de la boca.

– ¡Tzzzzfffrrr…! – Mascullo, con los ojos en blanco – Estoy mareada…

¡Zasca! Vomitona, la primera de los nueve meses siguientes, en los que adquirí una capacidad de recuperación increíble. Podía vomitar en el minuto uno, y en el dos estaba escogiendo telas para la funda del edredón de la cuna. En mi bolso convivían los sprays refrescantes de aliento con el blíster de ácido fólico y un catálogo de IKEA / PRENATAL, con todas las páginas marcadas, recordando las mil cosas que me parecían imprescindibles y que, tras el nacimiento del bebé, se convirtieron en absolutamente prescindibles e hilarantes (¿calentador de toallitas del culo? Existe, palabrita).

Y qué más me hubiese gustado a mí que ser capaz de guardar el secreto de nuestra paternidad, mientras preparaba el escenario para dar la noticia. Pero:

a)      Siempre he sido de las que disfrutan más contando que callando.

b)      Las náuseas no me dejaban respirar, para cuanto menos organizar un festival del amor, con Majoretes, gigantes y cabezudos.

c)      Estaba tan hinchada (yo pensaba gases leguminosos o algo), que pensar en meterme en un vestido ceñido y sentarme a la mesa, a darme al romanticismo de las p*tas velas, me seducía tanto como hacerme la ingle con cera hirviendo.

d)       

Dicho lo cual, nada como la confianza y el cariño cómodo, tantos años antes cultivado, para que cualquier momento fuese el ideal para compartir la gran noticia. Así que, en el baño, mareada como una peonza y con la barriga inflada como pez globo, mi maridito supo que nuestro primogénito venía en camino. Nos reímos juntos, nos abramos mucho y bien, pero sin olvidarnos de dejar sitio a mis regüeldos, que anunciaban vomitona cada minuto y medio. Estuvimos un buen rato en el baño, como si la casa no tuviese más dependencias. Allí, entre alicatado y geles de baño, imaginamos lo que se nos venía encima, sin saber siquiera que la realidad iba a superar a nuestra idílica ficción de padres tan primerizos como con ganas.

Fue todo tan chuli, tan emocionante, tan nosotros y me supo tan a familia, que ni un minuto siquiera eché de menos una ceremonia de iniciación a la maravilla de vida que se nos avecinaba. El pijama de polar, mi moño despeinado, el aroma a café y cama calentita que manaba del cuello del futuro padre… sensaciones que, sin querer, se te quedan para siempre en el consciente y te adornan el subconsciente, porque, cuando los acontecimientos te sorprenden, y el Predictor te alertan de un nuevo bebé, tú, burra vieja y sabia, vuelves al origen de los tiempos, y deshechas la idea de la fanfarria, la mesa con mantel y luz tenue, y te lanzas al WhastApp y su alta definición fotográfica, como si no hubiese un mañana…

– ¡Click…! – Flash, foto bien encuadrada. Test de embarazo, con dos rayas bien, pero bien rectitas, cruzando de lado a lado – A ver, enviado, doble check azul…

Buenos días, papito!

Pero…!? Otro…!? :O

Ahá! O_O

Cómo…!?

Te hago un croquis…? J

Sin duda, cuando hay amor y complicidad, cualquier momento es bueno para compartir felicidad y buenas noticias. Las nuevas tecnologías pueden ser el restaurante francés, el plato de fresas y champán, el brindis por la suerte de saber que otro ‘mininosotros’ está en camino. Teoría de la comunicación: emisor-mensaje-canal-receptor-código-contexto. Para una noticia semejante, quedaba pendiente la explosión de cariño, pero de eso dimos buena cuenta al llegar a casita, que aún no hay realidad virtual que supere una guerra de besos como Dios manda. Ea.