1.- We are family!

PROPUESTA DE BSO PARA LA LECTURA DE ESTE POST

https://www.youtube.com/watch?v=eBpYgpF1bqQ

Permitidme que me presente, porque no es de buena familia empezar a hablar y hablar, sin ponernos nombres a los que atenernos. Mi nombre de pila desde el año 1975 fue Noemí, pero cosas de los óvulos y los espermatozoides, desde agosto del 2011 me llamo mamá, mamita, maaaaaaa o mami-no-me-oyes-o-qué. Como os sé listos y agudos, con capacidad innata para leer entre líneas, ya os haréis cargo, pues, de mi condición de mater, o de asistenta del amor incondicional 24 horas, 7 días a la semana, 365 al año, o quizá más si son bisiestos, que aun no me ha coincidido ninguno. Como lo de la mutación del nombre ya me encajaba bien, en 2014 me volví a animar, y, oh, osados concursantes, mi maridito y yo nos aventuramos a repetir experiencia, con lo que ello conlleva en ya no ser, si es que alguna vez fuimos, una pareja con tiempo para el ocio y la molicie, que ya ni nos acordamos, oyes.

Y no entendáis desde este púlpito de letras y desiderios que me quejo en absoluto de mi nuevo estatus de alerta natural, en el que veo peligros, más diría, los huelo, como los grifones las trufas, y me dedico a seleccionar y arrestar todo aquello que puede lastimar a mis vástagos de amor; entended en estas líneas, si es menester, un lugar de encuentro para todas aquellas mamás que viven esta hermoso viaje que es criar, como un maravilloso sindiós en el que sentirte imperfecta, siempre de aquí para allí, pero en todo caso sin estar ni aquí ni allí al cien por cien, siempre con ese sentimiento de llegar tarde a todo, a pesar de que todo esté ya controlado; un nuevo ritmo vital en el que has de aprender a disfrutar porque a fin de cuentas, ya lo dijo alguien antes: la vida es lo que nos va pasando mientras esperamos no se sabe muy bien qué.

Vale, pues aceptando pulpo como animal de compañía, la maternidad a los 40 no es lo mismo a los 20, ni cuerpo que lo resista. ¡Nth, nth, nth, nth… que no! Si la pregunta es cómo lo sé si yo no he parido a esa tierna infancia, la respuesta es porque sí. Ya está. Esta es otra de las perlas que aprendes cuando tus niños empiezan a revelarse: cuando el diálogo se hace imposible y la retórica democrática no encaja con la discusión sobre metemos o no metemos un cocodrilo hinchable de 1.30 metros en la bañera, se impone la ley marcial. ¡A la de tres, el que no esté en la bañera de una p*ta vez, tiro del tapón y se va todo el mundo a la cama sin bañito de espuma! Y ya está. Ahí estás tú, intentando encontrarte detrás del golpe de estado a la cordialidad, a tu filosofía de en esta casa se habla todo, que dialogando se crían las personas de bien; te buscas detrás de cada bufido porque el desorden ya es una forma de vida, en la que intentas reordenar el caos, sabiendo que, en sí mismo es un imposible, casi tanto como meter el cocodrilo en la bañera y que, p-o-r  s-u-p-u-e-s-t-o  acabas cediendo a su presencia XXL, porque los lloros chantajistas hacen eco con el alicatado del baño, y pesa más tu miedo que los vecinos llamen al SEPRONA, alertando de una cacería ilegal de reptiles de gran tamaño (¡mamita, el cocodrilo llora si no lo tratas con cariño, eeeh…!, el primogénito dixit a grito pelado).

Pero empezando por el principio, la maternidad es una revolución inexplicable, porque no hay palabras que puedan traducir tamaña explosión de sentimientos, y todos ellos tan intensos, contrariados, tan a lo loco y tan seductores como altamente adictivos, que incluso muerta de cansancio y de temores, no puedes dejar de sentirte que-te-c*gas, porque eso es la verdad de ti, de todo lo tuyo, la extrema compenetración con el papá de tus tesoros, que siente, se implica y vive todo como tú, tan a la que cae, pero siempre intentando mantener el tipo, que parezca que sabemos de qué va todo esto, nos decimos con la mirada, cuando, en realidad, no tenemos ni idea… Nos dejamos llevar por la máxima de cariño, atención, cuidado y tiempo compartido. No tenemos ni idea de si los granos del culo son por irritación o porque los lunares se han puesto de moda otro año más. No tenemos ni idea si una fiebre repentina es vírica, bacteriana o la madre que me va a parir. No tenemos ni idea de qué es lo que funciona o no para que duerman bien y del tirón (ay, mamá…). No tenemos ni idea de cómo se produce ese milagro que se llama masticación y que tú mueres de ansiedad por si se atragantan. No tenemos ni idea de si ver dibus en la tele es bueno o malo, pero es necesario si quieres ir a hacer pis cuando estás sola con los dos niños en el salón, mientras el papá limpia vómito en la habitación del pequeño. No tenemos ni idea de lo que es ‘un fin de semana en pareja’, por mucho que las revistas de nueva onda aseguren que es lo mejor para la nueva familia (¿qué hago con los niños, les doy 40 euros y que vayan de festival acampada con Dora, la Exploradora o cómo?). No tenemos ni idea de casi nada, y eso es lo más mola de nuestra aventura en común: escribimos nuestra propia historia, tomayá! J Ser padres hoy, Crecer feliz, Tú bebé, hago míos vuestros consejos, pero, disculpando mi osadía, a vosotros os querría ver yo, a las 07:30 de la mañana, intentando que el mayor no levante del inodoro con el culete sin limpiar, mientras hago malabares para que el pequeño, embobado, se acabe el biberón antes de que termine el capítulo de La Casa de Mickey Mouse (succión televisiva, le llamo yo). Con la hora del autobús pisándonos los talones y que aún tengo que disimular las ojeras que subrayan mi felicidad matutina, el Keep Calm, Maripili, me lo paso yo por el dobladillo de la bata de buatiné. Ea.

Nosotros sólo estamos seguros de que sea lo que sea lo que se nos ponga delante y afecte a nuestros niños, iremos a por ello, como Bruce Willis en Armagedon, que se sube a la nave espacial y se espeta contra el meteorito, en un heroico acto de amor hacia su hija, que se había enamorado-achochado tontamente de Ben Affleck, y dejarla así, con el corazón partido a golpe de meteoritazo, no era bien para un amantísimo padre, tan pendiente de la niña de sus ojos. Así tal cual, mi maridito y yo, ponemos en modo ON el interruptor de los superpoderes, y vamos a por todas. Sin plan. Sin red. Sin saber muy bien cómo, pero seguros del éxito, a fin de cuentas, somos papás, y los papás lo saben todo, lo manejan todo, lo arreglan todo, todo y todo. La publicidad y Disney, que alto han dejado el listón a los padres del siglo XXI.