–  Una sola cosa te digo, porque para decirte dos tendría que ir a robarle las palabras a un mudito…

Cuando me lo oí decir me asusté, porque no soy muy dada a los ultimatums, y, mucho menos, a los que tienen que ver con zanjarlo todo de una vez y para siempre. No es que mi vida sea una mierda, que puede que sí, puede que no, pero puedo afirmar sin temor a equivocarme o tergiversar el maramagno de reproches en el que habito, que yo ya he vivido mejor. Ya he sentido mejor. Ya he reído mejor. Ya he soñadomejor… ya he amado mejor. Y al mismo, a Paco, que es lo que más me duele.

Las cosas iban bien hasta que dejaron de hacerlo y no por eso me acogí al yo no tengo la culpa y el que la tenga que se aguante. No tengo muy claro cuándo empezaron a torcerse las cosas, pero el caso es que ahora todo lo que tocamos lo convertimos en regalices tan alargadas como retorcidas; pero no regalices rojas y riquísimas, sino regalices de las negras, de las que huelen a rayos y saben a ídem. Regalices que tienen que decirte que son regalices para cerciorarte de que no te están envenenando. Regalices en forma de esqueje seco de geranio. Regalices disecadas, pues, que recuerdan más a un bodegón de fin de siglo que a una fiesta de cumpleaños. Esas regalices somos Paco y yo.

Hablar por hablar, tontería, lo sé, pero siempre es mejor tener verborrea que dejar pasar la ocasión de divagar e intentar poner un torniquete a la pupa. A mí, que nunca me han gustado las rodilleras adhesivas, los dobladillos en los pantalones heredados, las mangas metidas para dentro, deprisa y corriendo, a la voz de apúrate niña, que perdemos el bus. A mí, que no sé lo que es esconder una culpa porque me pican tanto que soy la primera en convertirlas en enmiendos, me ha tocado hacer oídos sordos, ojos ciegos y piel de acero para no darme cuenta de que lo que no va, no va. Y no va, me ponga como me ponga. Sufra lo que sufra. Sienta lo que sienta y que, para mi desgracia, estoy tan perdida que no sé lo que es.

Paco es perfecto. Perfecto. Quizá sea por eso que mis defectos se me hacen ahora muchos y pronunciados. No estaba yo acostumbrada a medirme el bigote (que no tengo: me hice el láser hace años) con nadie, así que cómo hacerlo con mi chico. La convivencia ha traído cosas muy buenas y muy malas. Muy malas y muy buenas, como nosotros dos, mismamente. Porque Paco y yo no entendemos de medianías y/o mediocridades: lo nuestro, siempre a lo grande. Como las filias y las fobias, las pequeñas miserias de cada uno, amarnos y odiarnos está tan cerca que dudo haya siquiera una frontera. Cuando quererse empieza y termina donde no nos soportamos, para qué más, para qué, para qué, para qué.

Pero no somos violentos, que eso da una fatiguita de las buenas. Nuestra vida en común es, si acaso, volcánica; nos hemos convertido en una pareja de esas que, vista de lejos y abstrayéndome de que soy yo uno de los activos, siempre me pregunto a qué se dedicarán el día estén de acuerdo en algo y se den cuenta de que les sobra tiempo para amarse. Me releo y veo que debería de matizar que no es que nos hayamos convertido en una pareja de esas, es que ya lo éramos en origen: Paco y yo partimos de la casilla desalida con ciento y la madre de motivos para estallar sólo con rozarnos; y aún así, lo intentamos. ¿Somos grandes, eh…? Pienso en alto por no estarme callada,porque el silencio me mata más que la jaqueca en la que vivo inmersa.

Cualquiera que me oiga pensará que mi existir con él ha sido un sufrir en bucle, pero no, que no. Paco ha sido y siempre será EL ACIERTO, así, con mayúsculas; falta saber si yo he sido el suyo. Un acierto pequeñito, uno de los que, al cabo de los años, y cuando él esté casado con otra (que pasará), tenga hijos con otra (que pasará) y ame a otra como a me ha amado a mí (esto no pasará, porque querer como me quiere a mí, como nos hemos querido nosotros, es una jartá imposible), le dé al  FAST REWIND cerebral y el recuerdo de mis manos le inunde el sentido, tendrá que agarrarse al MARCA y pensar ¡qué regalo fue conocernos…! Yo, que supongo no estaré casada con nadie ni tendré niños con ser alguno, también lo pensaré, claro, aunque yo no necesito meterme en la máquina del tiempo para sentirlo, porque me basta ejercer mi masoquismo-fin-de-historia, pulverizando su colonia sobre mi mano, para morir de agonía. Morir de amor que suda gotitas de pena. Creo quevoy a vomitar.

Siempre que tengo ganas de mandarlo todo al garete, me inunda una sensación extraña de orfandad que ni te cuento. Cosa inexplicable, porque cuando yo conocí a Paco estaba hasta el moño de andar por el mundo sin él. ¿?. Vale, matizo: todo lo hasta el moño que se puede estar de andar por el mundo cuando se tienen 25 mayos sobre la chepa (no, igual que no tengo bigote, tampoco tengo chepa, aunque para esto no me hizo falta una sesión de láser…). Pero nos encontramos en el camino y fue fantástico, porque nuestras historias se abrazaron, igual que se abrazan las enredederas del vecino a mi red divisoria de jardín.
Rápidamente, pero con fuerza, él echó raíces en mí. Yo le presté tierra abonada por años de desengaños sentimentales y el resultado fue lo que fue: dos tontos,
pero que muy tontos, enamorados hasta las trancas. Pero de esto hace ya casi una década, y parece ser que los finales felices, los de colorín, colorado, este cuento se ha acabado, sólo tienen cabida en las pelis de Richard Gere y Julia Roberts. También me vale Collin Flirth y Rene Zellweger, que son muy de quererse de aquí a la eternidad, que cantaría Frankie…

Pues no queda otra: sí o sí. Se va o se va. Y tiene que irse él porque yo no puedo ponerme ahora con una mudanza. Cuestión de tiempo. Cuestión de maletas con cremalleras rotas. Cuestión de encontrar un pisito de precio razonable, con dos armarios de cuerpo entero para zapatos. Cuestión… de no querer afrontar que lo nuestro está sentenciado. Supongo que me será más fácil sobrellevar este final si no doy al traste con todo lo cotidiano y me dejo arropar por lo conocido, por estas cuatro paredes y una mini terraza que ha sido el escenario ideal para nuestra bonita historia de te quiero mucho, como la trucha al trucho. Aunque ahora que lo pienso, cuando me abra el cajón de las bragas/calzoncillos y no encuentre su lado archi ordenado, insultando a mi lado archi desordenado, creo que voy a morir. En serio: moriré. Moriré de un ataque de ‘Vuelve conmingo-intentémoslo de nuevo-esto vale la pena,-no me importa no tener siempre la razón, quién quiere tener siempre razón-tu madre es Santa Teresa de Calcuta y tus amigos son una legión de Amish, siempre bien recibidos en mi salón’. La soledad de mi totum revolutum de tangas, bragas, calcetines huérfanos y con pelotillas me recordarán que ya no estás una y otra vez. Y no siendo que me declare en huelga de ropa interior (¡ay, mamá…!), será mejor que me dejes un señuelo, un algo tuyo dentro del cajón y que me dé consuelo cura-lloritos. Como se hace con los cachorritos cuando gimotean por la noche, me frotaré la nariz contra uno de tus bóxer de marca y pensaré que yo un día fui feliz, tan feliz, tan feliz, tan feliz, que pude compartir diez años de mi vida con el hombre más paciente del mundo; con el hombre más explosivo del mundo; con el hombre más cariñoso del mundo; con el hombre más independiente del mundo; con el hombre que más me quiso del mundo… ¿Eeeeeeeeeeh? Repeat, please! C-o-n  e-l  h-o-m-b-r-e  q-u-e  m-á-s  m-e  q-u-i-s-o  d-e-l  m-u-n-d-o.

Cojo el móvil. Las lágrimas no me dejan ver las teclas y la mierda de conexión ADSL de mi hogar me hace la puñeta: no va el WHATSAPP. Me ahogo con los hipíos y me cuesta respirar. Que se arregle esto, que se arregle esto, que se arregle esto.Que se arregle no nuestro, que se arregle lo nuestro, que se arregle lo
nuestro. Loading… Conversaciones recientes. Pacomerte, treinta y dos conversaciones antiguas. Voy por treinta y tres, la definitiva: hagan juego, señores…

^^Paco, olvida lo que te dije; debo estar ovulando :’(

^^Lo sé

^^Vale, entonces qué…?

^^Entonces estoy en el súper; pago el jamón cocido y la ensalada Batavia de Florette  y voy a cenar

^^Pero me perdonas…?

^^Para qué, si tú eres apótata…!

^^Un gallifante para el niño! Me^disculpas…? Porfavorporfavorporfavor

^^Qué sería de mí si no lo hiciese…

^^Que sería de mí si no te tuviese…

Silencio.

Silencio.

Silencio.

Clin,
clin, clin.

^^Quererte no es fácil, nena, pero quién dijo que iba a serlo…

Algún día, no sé muy bien cuándo, inventarán algo para que la infelicidad no secuestre mis ganitas de hacerlo bien. ¿Es o no es perfecto mi Paco? 🙂