Miércoles 18 Abril 2012
Se fue; se fue, parece que para siempre, e,
A Federico siempre le ha gustado mucho el helado,
A Federico
- Mujer, peor, peor, sí que hay cosas peores…
Así que aquí estoy, frente a una cabeza de pescado
Porque yo tengo alma, sí que la tengo, aunque él
- ¡Las palabras siempre han sido tu mejor arma,
Las burbujas y la grasa láctea son dos cosas de
- ¡El pantalón de ante a tomar por culo! qué bien,
En otro momento y en plenitud de mis facultades sentimentales,
- No te chines, cari: por más que lo intente, no
Jodona
Y, dicho lo cual, que el helado con refrigerio de cola
No soy yo muy de toros (o sí, pero no suelo
- ¿Al cumpleaños de Sara? ¿Para qué? Si tú solita
Siguiendo con el símil taurino, la puya fue
Como digo, a Federico no le gustaban mis amigas,
- Hija, Paqui, tu Federico tiene un punto pusilánime
Esa fue la última y desafortunada frase de una de
- Si no fuese un sentimiento poco moderno y nada
Aquella noche follamos como adolescentes de
Ahora, con el batido de mierda que estoy tomando, y
Miércoles 28 Marzo 2012
Nadar y guardar la ropa, esa es la clave del éxito; aun así, conseguirlo
nunca ha sido uno de mis fuertes. Desde que decidí empezar a querer a Paco,
porque sí, nuestro amor empezó siendo un ejercicio hábito, que acabó en
costumbre y derivó en cariño, las cosas han ido complicándose lo suyo.
Empezando por mi suegra, por mi cuñada, por el perro de mi cuñada, por las
sesiones de Wii+amigotes en mi salón, y acabando por la curiosa habilidad de mi
chico a la hora de olvidarse de llenar la nevera, lavarse los dientes sin
salpicar el espejo y desayunar sin dejar migas sobre el hule, que por muy de Ikea que sea, es bonito y lustroso, y
con trocitos de magdalena por doquier, adquiere aspecto de mantel con acné y ya
se sabe que el acné nunca le ha favorecido a nadie, ni siquiera a un mantel
plastificado.
La primera vez que nos vimos, allá por los 90, ni él era tan aburrido ni yo
tan jodidamente metódica. Podría decirse que éramos carnaza de idilio, porque
las hormonas y el verano son dos elementos que, a poco que atices, convierten
todo en una olla a presión. Yo, que ahora soy más bien carne de hueso, con poco
sustancia y menos arrobas, en aquel entonces era redonda como los flanes
redondos, como los chupachups Koyak
(los de chicle, que molan más), como los flotadores de patito, como los
barriles sin vino. Él era atractivo a morir. A morir. Bastaba compartir
estancia, sin hablar si quiera, para que la electricidad sacudiese mis
sentidos, inutilizándome la luz de alarma, esa que toda chica trae de serie y
nos advierte de que, de seguir en nuestro empeño de colarnos por lo que sea que
tenemos en frente, puede (digo puede y no sé muy bien dónde estriba la duda)
que nos complique la vida. Así fue, la bombilla de luz de alarma se fundió y
Paco entró en mí para siempre, literal y figuradamente.
Vivir con él es cosa hermosa y complementaria most of the time, pero he de decir que, en días como hoy, que estoy
premenstrual y el mantel sigue con migas de la enésima magdalena del mes, me
pregunto en qué punto, en qué momento pensé que hacerme cargo de Paco y su
atractivo era lo que me hacía falta. Vale que no siempre estoy esperando a que
me baje la regla y, por ende, analizo todo desde el prisma a veces veo muertos, pero supongo que en el fondo, pero en el fondo
de bastante arriba, el que subyace muy en la superficie, donde albergo tantas
ganas como no-dineros para hacerme
con unas planchas GHD, me pregunto
qué hubiese sido de mí si Paco no hubiese aparecido aquel verano, con sus
melenas, sus 501 cortados a media pierna y sus chanclas haciendo flip, flop,
flip, flop, flip, flop.
Porque eso es otra, a Paco le importa una mierda, quizá tres, el
convencionalismo social y puede ir en chándal a un entierro, en pijama al Mercadona y en batín de rizo americano
100% algodón a trabajar. A Paco le importa una mierda, quizá tres, la estética,
la moda y el negro y el azul marino se
matan, amor. A Paco no le importa nada parecer guapo, y sin embargo lo es.
Vaya si lo es, y mis hormonas, debiluchas y enamoradizas, lo saben, lo sabían y
lo sabrán siempre. Puede que ese sea una de las razones por las que las migas
de las magdalenas del hule de Ikea no
me molesten lo suficiente como llenar su bolsa de deporte PUMA con las cuatro
camisas que ha acumulado estos años y lo mande a remar al puerto de Palos… A
mí, que siempre me ha pirrado jugar conmigo misma a las Barbies, conjuntito va, conjuntito viene, me veo yendo del ganchete
con Don Quién-coño-es-Lagerfeld,
pasando por alto que, de los dos, la que desentona soy yo, porque con esta
tendencia suburbana a usar Sport Wear
en cualquier situación, lo acompañarlo entaconada perdida al dentista, resulta
entre raro y tragicómico.
Mis amigas me dicen que pegamos tanto como un erizo y cuadro de Sorolla:
uno tan mundano y el otro tan celestial. Y no es que Sorolla pintase cielos,
vírgenes y portalitos, que ese era Murillo, pero sus mares invitan a levitar, o
eso dice mi amiga Celia, la autora de tal apreciación metafórica. Vale, ahora
sólo falta saber quién es qué, porque Paco de erizo no tiene mucho (su calvicie
es ya un hecho flagrante) y yo de obra pictórica, cada vez menos (no siendo que
el boceto sea el de un esqueleto cabezón). Anyway,
el erizo y el Sorolla se quieren, se necesitan, se complementan, se enfadan, se
reconcilian, se detestan, se buscan, se alejan, se acercan… se reconocen y
sienten bien teniéndose cerca, uno con sus púas pinchudas y otro con sus
pinceladas concéntricas y archiestudiadas.
El erizo y el Sorolla se han convertido en el dúo Saca Puntas del siglo
XXI, la versión 2.0 del Busque, compare y
si encuentra algo mejor, cómprelo. El erizo y el Sorolla dejaron de ser dos
para ser uno, y aunque la regla no creo que tarde mucho en bajarme y las hormonas
me tengan el sentido con lo de atrás pa’lante,
mis dudas de qué cojoño hace una
chica como yo con un tipo como él, se disipan en cuanto hundo mi cabeza en su
cuello y respiro lentamente su piel. Un olor familiar y conocido, que me remite
inmediatamente a casa, a mi casa, a nuestra casa, me cerciora que Paco es y
será siempre el hombre de mi vida, el que no llena la nevera, tizna el espejo
del baño cuando se cepilla los dientes, el que tiene una madre, una hermana
(con un perro claramente más apetecible que ella misma) y siembra de migas el
mantel de Ikea. Por todo eso y más,
Paco es y será siempre mi magdalenita de Proust, mi áncora vital y cotidiana,
esa que arrima el hombro cuando las cosas no van bien, celebra mis éxitos, me
ayuda a reírme de mis no aciertos y me hace el
sana, sana, culo de rana cuando me pillo el dedo en el cajón de las
cucharas. Paco no sabe quién es Lagerfeld,
pero sabe quién soy yo y me quiere así, ciclotímica y turuta por lo menos una
vez al mes. ¡Qué suerte la mía, mamasita…! Ay…
Viernes 16 Diciembre 2011
Y las cosas pasan casi siempre por algo y no seré yo la que lleve la contraria al destino. Si me dejaste, si ya no estás en casa cuando vuelvo del despacho, con la barra de pan del Opencor bajo el brazo y el Hola hecho un canutillo en el bolso, será por algo. Tiene que ser por algo: tanta fatalidad junta no puede suceder porque sí, sin más.
Son demasiadas horas de convivencia, demasiadas noches debajo de la misma manta, respirándonos, oliéndonos la piel, el pelo, los pedos que fingimos no oír pero que sabemos que son del otro porque de mi culo no ha salido. Muchos días de encontrarse, desencontrarse, de echarse de menos, de estar hasta el mismísimo de tropezar en el pasillo tras una bronca. Mucho de todo y de nada, y aun así, abro la puerta de lo que era nuestro hogar y ahora sólo es mi casa, y quiero que bajo un cojón de un meteorito y lo fulmine todo; todo, menos la lámpara Tiffanis de la entrada, que la elegimos juntos, una tarde cualquiera de enero, cuando fuera hacía un frío pelotudo y la lluvia daba por saco sin parar en los cristales. Es lo que tiene el amor de verdad, el que te incinera, te voltea, te duele y te recicla, que no hay frío, no hay lluvia, no hay viento, no hay nada capaz de hacer que las cosas sean siempre grises o negras. Cuando aun éramos uno, aunque realmente quizá siempre fuésemos dos. Dos, nunca peor que uno.
En la facultad de derecho nos enseñaron todo lo importante. O casi, pero se olvidaron de meterme en la cabeza que sobradamente preparada no significa impermeable a la soledad. Leyes, decretos, sentencias, guardias, buenos y malos… conocimientos a dar con una pala, pero más sola que la última rebanada del pan Bimbo, esa que nadie quiere, y mucho menos yo, mucho menos tú: bromeábamos con la idea de que tú eras la corteza del principio y yo la del final, que sólo hacía falta tiempo y hambre para que se encontrasen. Dos tostaditas de pan de molde que aguardan ansiosas el momento de verse cara a cara, por muy resesa y seca la tengan…
Sentada en el suelo de la cocina, con la espalda apoyada en la puerta de la nevera y sin importarme una boñiga si la balda de los yogures está desordenada o demasiado cargada como para no vencer al lácteo peso de ese engañabobos que son los Lactobacilus, me pregunto en qué momento dejaste de necesitar a esta rebanada de paquete familiar, precio especial 1, 99 €. Porque echarte de menos, respirar un aire que ya no huele a ti más que vagamente, hace que nada tenga precio, quizá ni yo misma. Alguien me dijo que lo más duro de una ruptura es la primera noche, cuando llegas a casa y lo que sobra es espacio, porque la ausencia es tan chunga, tan chunga, tan chunga, que aunque la hipoteca diga que mi caca de piso es de 70 m2, en realidad lo que me han vendido es el desierto del Gobi, el océano Atlántico, el Santiago Bernabeu, el monte Pindo, el metro de Madrid y su ciento y la madre de líneas abiertas y por abrir… me han vendido un agujero negro del espacio en el que sólo hay cabida para la pena, el desastre y los no puedo seguir sin ti. Sin ti, no.
Y lo inquietante del asunto es que mi desolación va por rachas, no tanto cíclicas como previsibles, y aun así no encuentro la forma de adelantarme a las crisis y darme al tintorro antes de que me embargue la culpita y el desánimo. Lo sé, el vino no es la solución adecuada, pero entre que lo pienso y no, estoy tibia y tan fuera de mí, que puedo verme desde un plano zenital, uno de esos que usa Ridley Scott en sus pelis, y que los usa porque hay presupuesto y puede permitirse una cámara que se llama cabeza caliente, me dijiste una vez. Porque tú, además de ser mis cinco sentidos y ser ya demasiado tarde para hacértelo saber a gritos, sabes mucho de todo, de todo menos de mí, que no supiste ver que lo mío no era frialdad con la relación, no era pasotismo, no era no querer evolucionar, no era te importa más tu puto bufet que lo nuestro… sabes de todo, pero no de lo importante, claro que ¡quién dijo que esto iba a ser fácil, joder! El caso es que yo pensé que lo difícil era encajar las piezas del puzle, no fijar el motivo con cola de madera y enmarcarlo. Porque los puzles pierden su esencia cuando se les limita la movilidad de las piezas: un puzle pegado a un tablón de madera no es más que una foto dividida en porciones, como una caja de quesitos El Caserío. Yo no quería ser un puzle, no quería ser una caja de quesitos, pero te quería a ti, y se ve que no supe cómo hacerlo, porque todo se fue a la carajo y no fui capaz de echarte el guante y pedir una oportunidad para demostrar que, algunas veces, segundas partes no sólo pueden ser buenas, pueden ser mejores. Dime que sí, dime que sí, dime que sí, por favor, dime que sí. Pero no dices nada porque no estás y eso si es una verdad como un templo, como un templo grande y solitario de esos que apabullan y te hacen sentir pequeña y vulnerable, claro que, ahora que lo pienso, esa debe ser la función de un templo: ponerte en tu sitio y hacerte ver que sin mí no eres nada. Tal cual, templito mío.
Dice mi madre que lo nuestro era un fracaso a voces, que ya se sabía que un chico chapado a la antigua como tú y una chica tan independiente como yo, no llegarían a ninguna parte. ¡Hay que joderse! No, si va a resultar que la gente que fingía estar encantada de invitarnos a comer, hablaba de lo nuestro, de nuestra historia futuriblemente-hostiable en cuanto nos despedíamos para volver a nuestra casita, que entonces sí era un hogar mullidito y estupendo al que volver después de lo que fuese, porque allí estaba nuestro epicentro, nuestro quiero estar aquí para siempre.
Ahora que ya no estamos juntos, me dicen que debo aferrarme a la idea de que tendré más tiempo para mí y que aproveche para disfrutar de todo lo que me he perdido todo este tiempo ennoviada. Que disfrute, eso dicen. Que disfrute. No sé si mandarlos a la mierda. Sí, ya lo sé: os mando a todos a la mierda, porque ya que estamos por la sinceridad, he de deciros que cuando habláis de mi relación en esos términos catastróficos y armagedónicos, no hacéis más que mandarme a las antípodas del ánimo. Porque una cosa es que queráis darme un empujoncito, y otra que queráis que aborrezca lo que he conocido, sentido, olido, saboreado, reído y acariciado como felicidad de verdad. Os guste o no, familia y amigos, cuando queréis que odie a mi hasta ahora otra mitad, para salir del atolladero de dolor que hace que el alisado japonés se me vaya al carajo, no hacéis más que darle una bola extra a mis esperanzas de que él va a volver a por mí, subido a un BMW blanco, blandiendo una cajita de Tous con un lazo y una sonrisa amable, conocida y luminosa, para pedirme que le devuelva su lado preferido de la cama, en el que está el enchufe, que así puede poner a cargar el iPhone y tener más papeletas para no olvidárselo por la mañana.
Y es que lo bueno de hablar sola, con la espalda apoyada en la puerta de la nevera, la barra de pan del Opencor bajo el brazo y el Hola hecho un canutillo en el bolso, es que puedo ser todo lo patética que se me antoje porque no hay más juez, más parte que mí misma y mi orgullo tocado de muerte mortal. Porque cuando tengo que salir por esa puñetera y ponerle un rumbo a esta caca que es ahora mi vida, tengo que fingir que estoy mejor, que por más que sienta que todo se va al trasto, soy lo suficientemente lista, preparada y racional, que soy capaz de ver que esto es lo mejor que nos podía pasar, porque lo nuestro era una ruptura anunciada: un chico tan chapado a la antigua y una chica tan independiente, bla, bla, bla, bla… ¿Dónde habré puesto yo el descorchador…?
Martes 27 Septiembre 2011
Nueva novela de Noe Martínez a la venta en junio 2011
Escrito por Noe Martínez en libros0 Comentarios
Nunca te fíes de un chico que no toma postre (ÉzaroEdiciones 2011)
Malena, embarazadísima maquilladora de una productora de televisión, Lupe, periodista en la treintena a la que su pareja acaba de dejar y Delfín que siempre había sido un machito al uso hasta que Covadonga se cruza en su camino.
La búsqueda del fueron felices y comieron perdices P-A-R-A S-I-E-M-P-R-E, un secuestro aéreo, un parto, la prueba de que la amistad hombre mujer existe y no tiene porque acabar en la cama, la fábula del cazador, cazado… todo ello hilado con mil y una situaciones hilarantes pero no por ello menos creíbles, hacen de mi nueva novela un moderno vodevil en el que el sentido del humor y el universo femenino son los protagonistas. Una vez más: ¡cuidadito mundo, que han llegado mis chicas! (ups! Y mi chico, que Delfín se sube al carro
Malena, embarazadísima maquilladora de una productora de televisión, Lupe, periodista en la treintena a la que su pareja acaba de dejar y Delfín que siempre había sido un machito al uso hasta que Covadonga se cruza en su camino.
La búsqueda del fueron felices y comieron perdices P-A-R-A S-I-E-M-P-R-E, un secuestro aéreo, un parto, la prueba de que la amistad hombre mujer existe y no tiene porque acabar en la cama, la fábula del cazador, cazado… todo ello hilado con mil y una situaciones hilarantes pero no por ello menos creíbles, hacen de mi nueva novela un moderno vodevil en el que el sentido del humor y el universo femenino son los protagonistas. Una vez más: ¡cuidadito mundo, que han llegado mis chicas! (ups! Y mi chico, que Delfín se sube al carro…
Miércoles 28 Abril 2010
Hace tiempo que me barrunta por la cabeza si realmente será cierto eso que aseguran de que los hombres y las mujeres somos tan distintos, tan distintos, que los unos debieron nacer en Marte y las otras debimos hacerlo en chaletito adosado en algún planeta cercano. Yo, que soy de naturaleza conciliadora y confiada, nunca había pensado que nuestros mundos fuesen tan arquetípicamente antagónicos hasta esta misma mañana.
Hallábame yo apurando el eyeliner en mi párpado hinchado, fruto de una noche horrible a causa de una tortícolis galopante (intentar soñar con los angelitos cuando el cuello cruje a cada intento de paseo onírico es harto desagradable, uf), cuando mi chico, que entra a las 08:00 a trabajar pero le sobran diez minutos para arreglarse, desayunar, llegar al tajo y dar los buenos días al que se encuentre por el pasillo y le caiga bien, me dice:
- Yo, si tengo que hacer e-s-o todas las mañanas para estar guapa, creo que me resignaría a ser la fea más feliz…
E-s-o. Obsérvese que el determinante que mi chico empleó para referirse a mi ritual diario de belleza conlleva un no sé qué de hastío y/o incomprensión que, por un instante, me llevó a envidiar ser hombre. Un hombre de pelo en pecho y barba cerrada, uno de esos que encuentra fascinante pasarse un sábado viendo un derby futbolero y rematar una cena-revolcón con una sesión doble de Top Gear, ese Parnaso televisivo de los tunnigs. En aquel instante me dije:
- ¿Y si yo hubiese venido de serie con un pito y dos pelotas?
Antes de darme la segunda capa de rímel alargador-espesante-chiripitifláutico y mirándome en el espejo, me imaginé agraciada con un bigote a lo domador de circo y con tanta testosterona como si Pujol, el jugador del Barça, y Collin Farrell me hubiesen poseído (¡toooooma ya…! Me imagino toda esa hombría en mí y me gusto hasta yo, mare del amor hermoso…). Y como todo en la vida es posible sólo con intentarlo y no desfallecer por mucho que el coche te lo haya llevado la grúa, me dije que debía experimentar qué se siente al desprenderse de la nenita que soy, de la nenita que me encanta ser, de mis manías, costumbres, locuras, contradicciones e insensateces propias de la chica que hay en mí.
Me pregunté cómo sobreviviría en este mundo sin mi preciado sexto sentido, ese que me avisa de que p-u-e-d-e (¿?) ser peligroso enchufar cinco electrodomésticos en la misma regleta comprada en el Súper Chino-Súper Cien, que me alerta de que comerme un yogurt caducado hace dos semanas puede no ser muy bueno para mi intestino por mucho que el Omeprazol sea mano de santo, que hace que me despierte en medio de la noche en el momento justo en el que estoy soñando que hago pis y me libra de la vergüenza de tener que confesar que miccioné en la cama, que me alerta de que alguien me miente cuando me dice que los mini short blancos me quedan genial aunque me den un aire a lo Gandhi que no se le escapa ni a un vendedor de la ONCE… Sin ese sexto sentido tan femenino como útil, tendría que aprender a ir por la vida aunque fuese literariamente. Y como soy una chica de retos y de chascarrillos… ¡bienvenidos a los mundos de Noe! Ups, no, de Noe no, que en este post soy un machito. Un machito de identidad ficticia e inventada pero que me vale para comprobar cuánto de más fácil es (o no) ser un chico de hoy en día. Veamos, pues…
Bitácora del hombrecito despreocupado
Hola a todas, chatas. Antes de nada, mejor será que me presente. Me llamo Paco, tenéis que perdonarme que me dirija a vosotras en estos términos tan coloquiales pero ese es uno de los privilegios que más me mola de mi condición de hombre: puedo NO acordarme de vuestro nombre y emplear un genérico que os valga a todas. Nunca he sido un tipo brillante en lo que a recordar fechas y nombres se refiere, así que lo chata es un invento muy socorrido para alguien como yo, con una vida social intensa y más bien poca intención de complicarme la vida memorizando datos inútiles. He de reconocer que el recurso no es mío, lo he aprendido de mi primo Toñín, un jefón del ligue y un as llevándose siempre a la tía más cachonda. Mi primo Toñín: lo mejor de lo mejor. ¡La de cosas que te cagas que me ha enseñado de la vida…! Madre que lo parió, qué grande es mi Toñín.
Alguien me ha propuesto escribir cuatro líneas sobre mi condición de hombre, que hablase sin tapujos sobre lo que es ser chico. No entendía muy bien la pregunta porque, a decir verdad, nunca había reparado en ello. ¿Cómo se aprende a ser chico…? Ser hombre no es un misterio, en serio lo digo. Uno nace con polla y testículos y lo demás viene rodado. No soy yo consciente de que forjar una identidad masculina (la señorita que me propuso el reportaje dio mucho por culo con este término: identidad masculina, identidad masculina, habla de tu identidad masculina, me dijo) conlleve ningún tipo de esfuerzo, pero se ve que levanta curiosidad en las tías.
Ellas, que todo lo saben y parecen doctoradas en sabiduría conyugal y telepatía (¿has vuelto a poner una bolsa en el cubo de la basura al quitar la otra?, Tania, mi chica, tiene el don de darse cuenta de lo que NO hago incluso antes que yo), quieren saber cómo es un día desde la perspectiva de un hombre. Me resulta curioso que ellas, que todo lo observan, analizan, juzgan, disfrutan, imaginan y quieren ver donde no hay, no hayan sido capaces de ponerme una vida con sus consiguientes vivencias. Me llama la atención que para este artículo no hayan recurrido a mi novia, porque ella sí sabe como soy d-e v-e-r-d-a-d, no se cansa de repetírmelo cuando discutimos: te conozco como si te pariera, ¡a mí me la vas a dar cuando vuelvas a nacer…! Da igual que yo intente explicarme y darle mis razones: ella siempre sabe lo que quiero decir y lo que quiero hacer. A veces tengo la sensación de que tiene ojos biónicos y que puede leer esa parte de mi mente que yo no conozco y que no tengo ni idea de que existe. Ella, mi chica, la que todo lo sabe sobre mí. O eso dice, así que supongo que es a ella a la que correspondería hablaros de mi dichosa identidad masculina y no a mí, que me conozco lo justo según ella, según mi Tania ¡y cualquiera le lleva la contraria!
Vale, pues ahí va. Una de las cosas que me encanta de ser tío es levantarme todos los días con mi erección ready to fly. Sin duda, levantarme con ganas de jota por mucho que la noche anterior mi chica y yo hayamos tenido movida, es desconcertante. Nada más abrir un ojo, me rasco las bolas para notar que mi misil sigue ahí, enhiesto y oxigenado, a modo de bandera blanca. Nunca se me han dado bien las reconciliaciones de palabra, así que si ella viese en mi buena salud genital un lo siento, no quería decir eso, en serio, no volverá a pasar facilitaría las cosas. Pero a Tania no le mola nada de nada el sexo con enfado. No hay comunicación, dice. ¿Pero quién coño quiere comunicarse cuando las ganas aprietan? Psssss… mujeres. Y como ya sé lo que pasa cuando intento tocarla en los momentos tensos, hago mutis por el foro, me voy al baño a hacer un pis a ver si la cosa se pone blandita y me meto en la ducha. Por cierto, una de las cosas que ha cambiado desde que vivo en pareja es que ya no hago pis mientras me ducho: Tania me pilló una vez y me montó tal Cristo que no se me volvió a ocurrir. ¿Pero qué cojones tiene de malo mear bajo el chorro de la ducha si todo se va por el desagüe? Lo dicho: mujeres…
Otra de las cosas que creo no está mal del todo es que uno puede decidir si se afeita o no y no tiene que ir por la vida pidiendo perdón. Me explico: hace un par de años, Tania me pidió por navidad una Silk-epil. Decía que estaba harta de ir a la peluquería a hacerse la cera, que le salía carísima y siempre le dejaban la línea del bikini mal depilada. Yo, que no tenía ni idea de que los bordes peludos de la vagina de chica se llamaban línea del bikini, tardé en caer en lo que quería decir. Tras un breve impás de confusión, Tania me pidió el aparatito de marras como regalo. A mí no me pareció ni más ni menos romántico que una báscula de baño o una batidora multifunción (que ya sabía por mis desastres de relaciones anteriores que no eran regalos bien recibidos en la vida en pareja), pero a ella le gustó la idea. Vale, pues desde aquel día, no hay semana que Tania no se lamente de no tener tiempo para pasarse la depiladora por aquí o por allá. Si estamos viendo la tele y le meto la mano por debajo del pantalón del pijama, enseguida me la aparta diciendo:
- – Paaaaaco, que no estoy depilada, no me toques ahí…
Y así estamos, que lo de la cera era un timo y no de dejaban el cerro ‘el coño a su gusto, pero con ese chisme que tanto ansiaba le duele tanto que nunca encuentra un momento para pasárselo. Yo, que no soy nada mirado para lo peludo cuando se trata de darse un homenaje cuerpo a cuerpo, se lo hago saber de todas las manera que sé, pero Tania dice que con pelos no se siente limpia y hasta que se deje las piernas pelaítas como los muslos del conejo de la paella, no hay mambo. Lo dicho, me encanta ser tío para que mi dejadez con la barba no me impida tener pensamientos impuros cada diez minutos. Ser chico y llevarse bien con los pelos es mucho más sencillo, más natural: es una relación más campechana o algo.
Me mola que te cagas levantarme y que Tania haya hecho el café y puesto la mesa para el desayuno ¡me libera que no veas…! No, no me interpretéis mal: no digo que lo que me encante que Tania sea la que haga las cosas de casa, es simplemente que si las hace ella, siempre están a su gusto y no hay bronca. Para mi chica, como para tooooodas las chicas del mundo, un olvido reiterado se traduce en dejadez, y lo que había empezado con buena intención (hacer el desayuno, la cama, recoger el baño, colocar la compra…) se convierte en un pollo que te cagas. ¿Un ejemplo? Ahí va: Tania toma para desayunar un café templado con leche de soja y pastilla y media de sacarina, dos tostadas integrales sin sal y sin azúcar con mermelada Hero Diet de fresa y un kiwi no muy maduro, que pela y trocea sobre un plato como si fuese un cirujano. Ella coloca todos y cada uno de los cubiertos que necesita para tomar el desayuno de una manera determinada y, si alguno no está donde debiera, sufre un qué sé yo, un paralís generalizado y empieza a respirar con dificultad. No, no digo que sea histérica (que aún no), digo que a mi chica TODO le gusta en su sitio. Cinco veces se me ocurrió sorprenderla adelantándome a los quehaceres de la primera comida del día. Cinco veces. Una, dos, tres, cuatro y cinco. Pero ¡ca…! No se me ocurre intentarlo una sexta ni de coña…
PRIMER INTENTO: Paco, ¿a qué se supone que me limpio, a tu camisa? – me dijo haciendo alusión a mi olvido con las servilletas.
SEGUNDO INTENTO: ¿Este kiwi lo troceó un gato…? – y no, yo estaba seguro de que no, más que nada porque no tenemos y a mí aún me chorreaba jugo de las manos tras haberlo pelado.
TERCER INTENTO: ¡Jooooodeeeeeer, Paco! ¿En serio es necesario llenar el mesado de migas para hacer dos míseras tostadas? – hasta ese mismo instante, yo no tenía ni idea de que mis tostadas eran míseras y de que unas cuantas migas podían incomodarla tanto. Cogí el paño y la pasé por el mármol… – ¡Cojooooones, nené…! ¿Y ahora las tiras al suelo? Pero lo tuyo es vandalismo y al carallo…
CUARTO INTENTO: No puede ser tan difícil calentar la leche en el micro sin que se vaya por fuera… - en mal momento se me ocurrió pensar que podía dejar para luego la tarea de pasarle un paño al plato del microondas.
QUINTO INTENTO: Déjalo, amor, hoy desayuno en la oficina, es que voy pillada de tiempo… - Tania mintió como lo hacen las niñas malas y yo me sentí herido.
Allí, solo, en medio de la cocina y con dos tostadas excesivamente humeantes y morenas como si hubiesen ido a Mallorca, me dije que nunca más. Yo soy un hacha para arreglar tuberías, sintonizar el TDT, inventándome excusas para no ir a cenar a casa de mis padres otra vez, haciéndole masajes en los pies, peleándome con el resto de los maridos por un aparcamiento cerca de la puerta de El Corte Inglés (en serio, a veces creo que Tania quiere que aparque el coche dentro del kiosko de las revistas, al ladito de la tipa que te cobra el Hola y te dice si quieres bolsa y que esperes por el ticket, gracias), así que, que ella se ocupe del tinglado del desayuno, que seguro que nuestra relación lo agradece.
Los ácidos grasos Omega 3. Yo no sabía que existían hasta que empecé a salir con Tania y un día me dijo que tenía que tomar el yogurt con lecitina de soja porque era una fuente muy rica en grasas insaturadas. A mí, que me encanta comer los Larsa naturales de vasito de dos en dos y con cuchara de sopa, ni se me había pasado por la cabeza que mi organismo anduviese falto de no sé qué grasas cojoneras. Los Omega 3 de marras pasaron a ser una letanía en todas y cada una de mis comidas, hasta que le confesé a Tania que a mí aquello me sabía a caspa de viejo y que, si ella quería coleccionar sebo vegetal en su organismo, allá ella, que yo estaba encantado con que la cerveza tuviese lúpulo y cebada y que con eso me conformaba. Yo sé que a ella tampoco le gusta la lecitina de soja, ni los copos de avena, ni el polen de los cojones con que ameniza su muesli de la cena, pero lo hace porque es chica y sabe que tiene que hacerlo, s-i-e-n-t-e que tiene que hacerlo. Yo soy chico, me llamo Paco, me suelo rascar los huevos cuando voy caminando desde el sofá hacia la nevera y creo que mi colesterol es directamente proporcional a la cantidad de veces que voy con mis amigos a tomar churrasco de buey. Yo puedo comerme un chuletón con patatas aceitosas y tomarme un flan de postre porque mi inconsciencia masculina viene de serie sin remordimientos. Tania no puede comer todo lo que le apetece porque sabe que ingerir hidratos de carbono después de las ocho de la tarde hace que sus nódulos adiposos se anquilosen en su cadera, que la leche entera es malírma para la piel de naranja, que las croquetas/empanadillas/bolitas de queso son el anticristo para toda cuanta fémina quiera llegar a los treinta y cinco con una 38 de pantalón, que los plátanos sólo son digestivos y no engordantes para Rafa Nadal, que tiene un brazo que recuerda a un jamón de Guijuelo y quema más calorías que un cortacésped… Yo, que soy chico y me llamo Paco, conozco la alineación del Madrid desde el año 1975 pero no tengo ni idea de todo este coñazo que Tania tiene que recordar para alimentarse. Me llamo Paco y como lo que me apetece, cuando me apetece. Eso sí, como mi chica es la que hace la compra, cada vez es más difícil reafirmarme en mi rol de depredador despreocupado.
¿Y lo que saben las tías sobre cosmética, qué me decís…? Tania se vino a vivir a mi casa poco a poco. Su intromisión en mi hogar de soltero fue paulatina y el compromiso se fue haciendo directamente proporcional a la cantidad de cremas nutritivas, hidratantes, regeneradoras, exfoliantes, calmantes, protectoras, reafirmantes, anticelulíticas efecto frío, anticelulíticas efecto calor, despigmentantes, con caviar, perla ionizada, oligoelementos, péptidos y Q10. ¡Ay, el Q10…! Fue llegar Tania y sus normas de convivencia y el Q10 lo inundó todo en el baño. ¡Ah…! ¿Que no sabéis que es el Q10? Pues estáis acabados, porque el Q10 y la invención de Canal + Deportes debe ser lo más apirolante que ha ideado el hombre blanco. Tania dice que el Q10 es no sé qué coño de cosa pringosa que retrasa el envejecimiento celular. Es decir: si uno sucumbe a los maravillosos poderes de la crema de cuidado facial más vendida en el mundo (lo pone en el envoltorio; lo sé porque, a veces, cuando voy al baño a giñar y no tengo nada que leer, me leo los envases de los potingues, para pasar el rato), puede que aparentes treinta y tres años… menos diez minutos. El efecto es algo así como si le ganases un cuarto de hora a la humanidad. Y yo, que siempre he sido muy de récords, me dije un día: si ella lo usa y ya que está en mi baño… Así que desde que Tania se apoderó de todas las estanterías de mi armarito modelo Sparren de Ikea, yo me pongo toda cuanta crema encuentro (salvo Vanigesil, el alivo para tu picor vaginal, por cuestiones obvias, claro está). Desconozco si aparento algo menos de treinta y cinco pero entre que me unto y no me untos las cremas de marras, Tania no para de repetirle a sus veinte muy mejores amigas que me ha convertido en un metrosexual. A mí, que el término siempre me ha parecido un eufemismo de maricón de tomo y lomo, no sé si me halaga o no pero como Tania premia mi fijación hedonista con caricias y besos para ver lo suave que estoy, he decidido respeta las estadísticas y ser uno más de esos tíos que dicen cuidarse por sistema y convencimiento, aunque en el fondo sólo lo hagan por el refuerzo sexualmente positivo que tiene en ellas, en las mujeres que todo lo saben.
Sábado 12 Diciembre 2009
¡Que sí, que sí, que mi Cenicienta siempre quiso un Wonderbra (Editorial Vergara) se van de alfombra roja…! Así, sin esperarlo pero felicísima de recibirlo, mi novelita acaba de hacerse con el Primer Premio Dama 2009 Mejor Novela Chiclit del Año.
Dar las gracias, of course, al site www.clubromantica.com y a la Asociación de Autoras Románticas de España, que han sido los que han promovido esta primera edición de los Premios Dama 2009. Gracias a todos ellos, primeramente, por pensar que Cenicienta siempre quiso un Wonderbra debía estar nominada y, finalmente, por haberla escogido como la mejor entre otros títulos, otras plumas tan finas y elegantes como con las que competía. www.clubromantica.com, a sus pies… ¡Aaaaay, feliz cual regaliz! Así me hallo.
Yo, que como el resto de los mortales muero por una excusa para montar un festejo, os escribo estas líneas entaconada, con la manicura francesa ready to go, el pelo liso a lo Demi Moore y con el bolso lleno de ganitas de celebrarlo. Que a mi última novela la consideren la mejor novela del año en su género me ha sentado tan, pero tan y tan bien que necesitaba compartirlo con toooooodas vosotras, lectoras mías. Como invitaros a unos berberechos se me antoja imposible (la virtualidad es lo que tiene, chatas), daos por besadas+achuchadas+queridas por ser parte principal del cuento: sin vosotras, niñas mías, nada sería posible, nada sería bonito, nada sería verdad. Vaya, pues, este premio para todas vosotras, que me seguís libro a libro y que os rascáis el bolsillo para adoptar a mis personajes como si fuesen vuestros. ¡Chinchín…!
Lunes 22 Junio 2009
Tres amigas en la treintena luchan por sobrevivir al desamor. Con una tendencia sobrenatural a enamorarse siempre de la persona equivocada, Paulina, Olvido y Coro están convencidas de que algo en el cosmos tiene que haberse confabulado para que sus vidas sentimentales sean siempre tan complicadas. Internet, un viejo amor adolescente y la pérdida del miedo al compromiso son tres de los inesperados elementos que vuelven a ponerlas en el mercado. Una serie de situaciones hilarantes –no por ello menos creíbles– hacen que estas tres chicas nos lleven de la mano por las inquietudes, las felicidades, los desencuentros y la necesidad de amor de toda una generación.
Cenicienta siempre quiso un Wonderbra no es sólo una historia de amistad y supervivencia de tres amigas, sino también un retrato femenino y universal en el que sus entrañables protagonistas dejan claro que, hoy por hoy, a las chicas cada vez nos cuela menos eso de que al príncipe azul no le huelen los pies…
“Actual, fresca y original, por momentos divertidísima.”
Esther Ortiz, El Rincón Romántico
Cenicienta siempre quiso un Wonderbra, Vergara (Ediciones B). La nueva novela de Noe Martínez.
Domingo 29 Marzo 2009
Hombre magdalena: Dícese de aquel espécimen masculino con el que has horizontalizado en una noche de excesos y, al albor del día y ya con la lagaña fuera, no te importaría desayunar con él y volver a mojar (la magdalena, digo…).
free video poker how to play backgammon no deposit bonus online casino 888 no download casino play roulette craps game black jack download american roulette play video poker baccarat free casino game no download online casino free money on line casino wagering roulette online online casino betting free online casino slots free craps best casino roulette gambling internet casino gambling uk best casino online full pay video poker no deposit casino code best craps game black jack tournament best online casino site craps online game newest online casino free slots no download play blackjack online free dueces wild video poker black jack gambling online video poker game free casino cash no deposit video poker tutorial play free video poker how to win at black jack casino roulette casino guide how to win at roulette rules of craps casino game online real money backgammon baccarat casino online free video poker game play free video poker video poker odds video poker tournaments
¡Y a quien no le haya pasado, que tire la primera piedra…! Por eso, porque que nos quieran hasta el infinito sigue siendo un lei motiv que no ha pasado de moda, que mi novela ¡Quiero un hombre magdalena! volviese a la vida era cuestión de tiempo… y de magia potagia.
Verbigracia de Ediciones B y mi editora-hada madrina Marisa Tonezzer, mi libro está de nuevo a vuestra disposición en edición no venal. Es decir, que no os va a costar nadita de nada, os lo lleváis de regalo al comprar otros dos títulos de la colección romántica. Ya sabéis que la ocasión la pintan calva así que ¿a qué esperáis para ir a la librería, niñas mías…? Que nos lo quitan de las manos, nos los quitan de las maaaanoooooos…
¿Ya os dije que soy feliz como una regaliz? (lo sé las regalices no pueden ser felices pero dudo que las perdices puedan y mi pájaro-fobia no me permite mentarlas en vano). Pues eso, happy, pero happy de verdad. ¡Como para no estarlo…!
Lunes 26 Enero 2009

Todas las historias de amor con final trágico parecen más intensas y perdurables. A Ragazza, la revista con la que todas hemos aprendido a disfrutar de ser quien somos, le ha llegado su hora. Detrás de sus páginas, compañeras increíbles y un esfuerzo titánico por hacer de cada número una alegría para el cuerpo. Cuatro años de colaboración intensa e ideal que no han hecho sino convencerme de que las cosas buenas serán siempre buenas independientemente de crisis monetarias y existenciales.
RagazzaTeam, gracias por estos años de colegueo y buen rollito. Sin duda, una de las mejores experiencias de mi vida profesional. Trabajar con vosotras ha sido un lujazo. Un lujazo y un placer ¿puede haber algo mejor?
Sábado 2 Agosto 2008
Braille: m. Sistema de lectura y escritura para ciegos basado en puntos en relieve taladrados en el papel: libro en braille.
RAE dixit. Es una suerte que haya académicos tan duchos y con el verbo tan certero que en una sola línea sean capaces de definir pragmáticamente un término. Pero bueno es también que nos dejen a los escritores el mundo de los matices. Porque sí, braille es lo que ellos definen pero también es un cúmulo de emociones que acerca a las personas con visión reducida al humor, al amor, al desamor, a la intriga, a la filosofía, a la fantasía… a la vida al fin y al cabo.
Me congratula, pues, saber que mi Él, mi último pelo de tonta ya cuenta con versión para invidentes. Lejos de ver rentabilidad en todo lo que hago, desde niña me muevo por sensaciones y placeres varios así que, una vez más, esto me ha hecho tanta ilusión que me estoy brujuleando en Internet para ver si hay un curso online ‘Aprenda braille en diecinueve días y quinientas noches’ (Sabina eres un genio) para saber cómo han adaptado la jerga de mis personajes y mis giros so typical galician. Dice mi chico que también que sería interesante saber si en braille existen tantos o más sinónimos de esas partes que se dicen pudendas y que mis personajes manejan sin apuro y/o reparo alguno.
Me informan de que mi novela está disponible en documento sonoro y escrito en la ONCE así que el orgullo es doble por saber que mis risas y mis situaciones disparatadas/dislocadas van a inundarlo todo en algún hogar en el que la luz es un ángel escaso. Y es lo tiene, que hasta este momento no me había parado a pensar que más de uno y de dos y de tres jóvenes pueden estar privados de visión y por ende no pueden disfrutar de la literatura actual. No seré yo la que reniegue de los clásicos, que de ellos vivimos los que escribimos y gracias a ellos somos quienes somos, pero un poco de contextualidad y frivolité de cuando en vez alegra más de una pestaña… y es una suerte que gracias a la ONCE para reír y disfrutar ahora ya no importa si el ojito ve o no ve. Feliz como una perdiz, así estoy. Ay.










